Si lo que se jugaban ayer en las urnas no era un modelo de Europa, sino la certificación del momento político nacional, Rajoy se ha salido con la suya y el presidente Rodríguez Zapatero ha recibido un varapalo. Si todo debe ser atemperado por una diferencia no escandalosa (aunque suficiente), no hay duda de que el triunfo es el triunfo y, en el debate de hoy lunes, aunque no pueda ser extrapolado a futuras elecciones, la brisa refresca las expectativas del PP y empuja un tanto contra la pared al PSOE. No pasa nada, dirán los socialistas a la espera de que los "brotes verdes" se vayan viendo en el panorama, pero las elecciones sirven mejor que cualquier sondeo para saber qué está pasando en este momento. Esto es el cambio, dirán los populares no queriendo mirar por ahora más adelante, pero la enorme abstención revela que, para conseguir el poder en España, además de faltar casi tres años, todo está abierto y todo debe ser conquistado.
Desde el punto de vista de los líderes, el ganador fundamental es Rajoy, que, a diferencia de Rodríguez Zapatero, tenía no una sino dos batallas. Ha ganado, por tanto, a su adversario y ha ganado a sus enemigos que, aun en el mismo partido y a pesar de las muy fariseas sonrisas de ayer, estaban a la espera de que los resultados fueran otros para intentar nuevos y más estrafalarios zambombazos. El triunfo no asegura nada para el futuro pero es ya una tendencia porque, tras el congreso de Valencia en el que pretendió centrar al PP y abandonar los vicios radicales de la pasada legislatura, lo va convirtiendo en tendencia: ganó el PP en Galicia por mayoría absoluta, resistió en el País Vasco desmintiendo las previsiones agoreras y gana ahora las europeas. La puya constante de Rodríguez Zapatero insistiendo en que Rajoy era el hombre "que perdía todas las elecciones" (lo repitió la pasada semana) ya no tiene sentido. El ataque interno -resultaba divertido ver a Esperanza Aguirre en el balcón de la calle Génova como si nada hubiese pasado hasta el domingo- de que era el hombre "que nunca podría ganar las elecciones" ha quedado arrumbado por la lógica y los resultados.
Insiste el PP desde ayer a las diez de la noche en la existencia de una "nueva mayoría" y ésta, más que una realidad con efecto para la política española, es todavía un reto que se va convirtiendo en posible. Ya ganaron las últimas municipales y perdieron las generales. Los dos grandes partidos tienen votantes fieles en un alto porcentaje, pase lo que pase, y la nueva o antigua mayoría se fundamenta en otro sector de votantes que, en este caso, se ha quedado en casa abultando la abstención y dejando todo abierto para el 2012. Lo apuntado en Valencia, que va teniendo éxito, es lo que debe conformarse en una alternativa que vaya más allá de circunstancias tan especiales como las de la crisis. No es momento ahora para extenderse sobre ello, pero ayer se veía en el balcón de las celebraciones el camino que el PP debe recorrer: si Jaime Mayor hablaba de "valores", es decir, algo nebuloso y presentado como ajeno a la opinión pública, Rajoy lo hacía, como debería hacer su partido, de "ideas", que son reconocibles y discutibles, algo con lo que y sobre lo que se puede convencer.
Por el otro lado, aunque el PSOE quiera presentar estos resultados como un respiro comparado con un hipotético fracaso previamente anunciado (que nadie salvo sus dirigentes -a posteriori- había pronosticado), el presidente Rodríguez Zapatero tendría que iniciar una muy seria reflexión. La crisis no solamente se nota en los bolsillos, sino que afecta a la credibilidad del Gobierno en la opinión pública, lo que se añade a la fragilidad parlamentaria. El recurso al voto del miedo, presentando al PP como la suma de todos los inmovilismos y de todas las reacciones posibles, ya no da, como en el pasado, el resultado esperado. O el presidente se pone a trabajar en otra dirección, la del consenso y las reformas, y abandona los fuegos de artificio para despistar, o su futuro, como se apunta hoy sin determinar nada, puede deslizarse por el plano inclinado en el que ya está instalado.