"En España, una Nación empobrecida y
un Estado disgregado, las apariencias
alcanzan la jerarquía de la realidad"
(Baura)
Del mismo modo que los indios maipuré hacen sonar una carraca para alejar los malos espíritus, José Luis Rodríguez Zapatero tiende a pronunciar el nombre de su predecesor en la Moncloa, José María Aznar. En esto de los conjuros todos somos muy nuestros y, como aseguraba el maestro Álvaro Cunqueiro, los únicos hechizos válidos son los que funcionan. Está probado que al líder socialista -tan escaso, tan falaz- la evocación de Aznar le da buenos resultados y, a mayor abundamiento, el PP tiende a colaborar con él en ese menester.
Dice Zapatero que Juan Fernando López Aguilar, el número uno de la lista del PSOE en las elecciones al Parlamento Europeo, "representa la España moderna". Así podría haber sido en función del perfil biográfico del personaje; pero, si nos atenemos a los dichos y a los hechos emitidos y producidos en lo que va de campaña, más bien parece un energúmeno, anacrónico a pesar de su juventud, más cercano a la exaltada memoria de Francisco Largo Caballero que a la más moderada de Julián Besteiro. Si su lista no resulta vencedora el próximo día 7 de junio, no será por falta de paridas y machadas en sus mítines gritones y faltones.
Quizás para equilibrar la figura dialécticamente marxistona de López Aguilar, también dice Zapatero que el PP es "la derecha más derecha" de toda Europa. Tenemos el cuerpo hecho a los embustes presidenciales, pero éste sí que es gordo. En Europa, la derecha tiende a liberal y, desde una sólida base cultural cristiana, ha sabido protagonizar el progreso de los últimos años. Seguramente fue Margareth Thatcher el punto germinal de la renovación ideológica y procedimental de los grandes partidos conservadores y liberales de la Unión, y lo peor del PP es que no aprendió lo suficiente y vive un cierto complejo socialdemócrata. Otra cosa es que resulte barato y eficaz, en la patria de las apariencias, utilizar la caricatura de la "dama de hierro" para denostar a la derecha. La ignorancia tiende a ser el mejor aliado de los mentirosos intrépidos.
El problema del PSOE es que no sabe dónde está. Tenemos prueba de ello en que los ancianos de la tribu, tal que Felipe Gónzalez, no pueden hablar sin marcar distancias con sus líderes presentes. La confusión marxista que, como en una vieja asamblea de facultad universitaria, preside el discurso de Zapatero resulta risible. Sólo se justifica porque, de hecho, el PP, al menos en el ámbito nacional, esta ocupando el territorio natural socialdemócrata y dos cuerpos no pueden coincidir en el mismo espacio sin que medien grandes cataclismos.
Como es tradicional en el teatro, la derecha y la izquierda son las del espectador. Nunca las de los actores. En el caso concreto de la campaña electoral en curso -¡dicen que "europea"!- resulta más difícil cualquier entendimiento. Ni los actores parecen saber de lo que hablan, ni los espectadores entendemos lo que nos dicen.
Lo único que está claro es que, según el CIS -el instituto sociométrico de la señorita Pepis-, los dos grandes partidos andan muy igualados en intención de voto y que, con los datos actuales, obtendría cada uno de ellos, uno arriba o abajo, veintitrés escaños. Cierto es que también augura el CIS una participación del ochenta por ciento de la ciudadanía y que ello le resta verosimilitud a su prospectiva; pero, si fuese así, de lo que habría que ir hablando es de las elecciones generales del 2012. Si, en las condiciones presentes, el PSOE no experimenta un serio castigo electoral, en lo que puedan tener de "primarias" los próximos comicios, eso quiere decir que el PP de Mariano Rajoy carece de expectativas para la reconquista de la Moncloa.
Zapatero, como dice Rajoy, "es un peligro para el bolsillo de todos" y es, en los hechos, una gran calamidad nacional; pero Rajoy, si la lista encabezada por Jaime Mayor Oreja no gana a la del PSOE por diez puntos, o más, de diferencia, Rajoy será un peligro para el PP. Los espectadores estamos hartos de que no se respete nuestra visión clásica de la izquierda y de la derecha.