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18/05/2009
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Segunda ronda del debate: los votos

Fernando González Urbaneja

Zapatero hizo su trabajo la semana pasada: sacar de la pista a Rajoy y volver a ganar el cuarto debate sobre el estado de la nación, desde la tribuna. Esta semana el trabajo corresponde a su amigo Toño, el portavoz parlamentario socialista, que tiene que tejer las mayorías suficientes para poner punto final al debate sin quebranto para el Gobierno. De lo escuchado estos días la conclusión inicial es que ningún grupo parlamentario mostró intención de endosar las propuestas socialistas y que los siete votos que necesitan para una mayoría que salde el debate requieren concesiones.

Zapatero no quiere quemar aún las oportunidades que pueden brindarle los dos grandes grupos clásicos: catalanes y vascos, soportes habituales de los gobiernos minoritarios, de socialistas y de populares. Zapatero lleva cinco años con relaciones intermitentes con ambos grupos nacionalistas; tejió acuerdos parciales con el PNV pero ahora pasa por una fase gélida, que no será eterna, pero que requiere plazos de duelo y alivio que llevarán, al menos, hasta mediada la legislatura. No es probable que los presupuestos del 2010 tengan el voto del PNV, aunque es posible una valiosa abstención.

Con los catalanes los plazos pueden ser más cortos o más largos, depende de cómo se despeje, antes de las vacaciones de verano, la sentencia del Constitucional sobre el Estatuto y el modelo de financiación autonómica. Resueltos esos dos problemas, mal o bien, se abrirá una nueva etapa en las relaciones de socialistas y convergentes.

De manera que la aritmética parlamentaria juega para los socialistas en el ámbito de la izquierda (IU y ERC) y de gallegos, canarios y el voto navarro del diputado que le queda a UPN. Suman diez votos y los socialistas necesitan siete.

Perder las votaciones no significa una tragedia política irreversible, aunque traslada un mensaje de debilidad parlamentaria justo cuando empieza el segundo año de la legislatura. Hasta ahora el Gobierno sólo ha perdido alguna votación irrelevante en el Congreso, pero, como el rascar, en esto todo es empezar.

Algunos quisieron ver en las intervenciones del martes el esbozo de una futura moción de censura, pero no llegó a eso, quizá por la deficiente intervención de Rajoy, que espera que el poder le caiga como fruta madura, sin estirarse demasiado y sin reclamar concursos adicionales para alcanzar la fruta deseada. Si el Gobierno gana los siete votos necesarios podrá dormir tranquilo unos días y empezar a preparar la mayoría suficiente que le permita aprobar el Presupuesto del 2010. La tarea que se impone ahora Zapatero es seducir a las llamadas fuerzas sociales para compartir su estrategia económica, para trasladar a la opinión que se ocupa, que dirige.

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