El presidente Zapatero está rodeado por la crisis económica y el paro y ha decidido poner en marcha una ilusoria estrategia de mirar hacia el futuro, hacia el misterioso y nuevo modelo de crecimiento español, para no tener que mirar la desolación que le rodea, y con la que no sabe qué hacer. Pero también para entretener con este espectáculo circense de magia al personal, y sobre todo a los electores que se resisten a acudir a las urnas del próximo día 7 de junio. Una jornada europea que también figura entre los primeros objetivos políticos del PP, aunque esta semana su líder, Rajoy, estará más interesado en la luna de Valencia, o en el paso de su presidente valenciano, Camps, por la Corte Superior de Justicia de esa Comunidad.
Comienza la campaña electoral europea, el verdadero test sobre el estado de ánimo y la situación política de la nación, y Zapatero se ha puesto las pilas para una nueva escenificación: para una colección de fotos con los empresarios y sindicatos, para seguir adornando su caótica presidencia con un permanente espectáculo mediático, y no para anunciar un enésimo plan o pacto contra el paro, sino para hablar del futuro a largo plazo, como son todas las disquisiciones sobre el cambio de modelo económico del que ya nos ofreció unas pinceladas en el debate parlamentario de la nación y que nada influirá en el curso de la vigente crisis y la destrucción del empleo.
Sin embargo, el presidente y su Gobierno han trazado una estrategia con la que, por un lado, pretenden tener controlados a los sindicatos y por el otro agitar el espacio político en pos de su recuperación electoral con vistas a la jornada del día 7 de junio. Mientras tanto, la oposición parece ir a remolque e intenta explicar lo que tienen de artificial y de sin sentido las medidas que Zapatero anuncio en el último debate parlamentario. Unas ocurrencias de titulares mediáticos que tampoco funcionan, porque eso de amenazar con quitar la desgravación para la compra de vivienda, o las famosas ayudas a los coches -que se perderán en la subida de precios de los concesionarios, y que muchas Autonomías se niegan a dar-, o lo del ordenador escolar, son brindis al sol.
Como a estas alturas convocar a la CEOE -que no debería prestarse a esta pantomima- para dialogar sobre el futuro modelo económico y no sobre la reforma del mercado laboral son ganas de divagar y de distraer al público. Tan es así que Zapatero, a cambio de una nueva foto con los sindicatos y la patronal, ha olvidado lo que de él dijo el presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, hablando de la crisis: "El problema son los años de Zapatero".
En medio de este ensordecedor ruido de crisis y de propaganda oficial, el PP intenta hacer oír su voz y a la vez está a la defensiva y a la expectativa por el 'caso Camps', el presidente valenciano que acudirá esta semana a declarar como imputado en el 'caso Gürtel' ante el Tribunal Superior de la Comunidad Valenciana, donde deberá decir, de una vez por todas, lo que hizo con las facturas de sus famosos trajes y quién y cómo las pagó. Al PP, a pesar de las enormes dificultades del Gobierno y de sus buenos resultados de las elecciones vascas y gallegas, le crecen enanos por doquier. Ahora es Camps en Valencia, sigue Aguirre en Madrid, o Aznar no para de meter el dedo en el ojo, sus presuntos medios de comunicación afines tampoco cesan de darle palos a Rajoy -en la mayoría de los casos trabajan a favor de Zapatero-, y vamos a ver por dónde sale la campaña electoral europea del PP, que está en manos del ultraconservador y aznarista Jaime Mayor Oreja.
Zapatero, agobiado por la dura realidad, habla de futuro, mientras Rajoy, que podría tener a su alcance el futuro, está atado por los pies a los problemas internos del PP, cuya onda expansiva mediática y procesal no es ajena a las intrigas y manipulaciones del poder gubernamental. En éstas estamos; debe ser, para unos y para otros, una semana crucial.