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07/05/2009
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ECONOMÍA EN PERSPECTIVA

No se lo pierdan: Celestino Mutis en el Real Jardín Botánico de Madrid

Ramón Tamames

La Botánica, todo el mundo lo sabe, es una ciencia con raíces -y nunca mejor dicho-, muy antiguas. Datando sus primicias de tiempos de Aristóteles y su discípulo Teofrasto, quien sentó los cimientos de la visión sabia del mundo vegetal, hacia el año 300 a J.C.; cuando dio a la luz lo que en lengua latina se conoció como Historia Plantarum.

Tan remoto autor se basó en sus observaciones personales, y también en la información proporcionada por los estudiosos que acompañaron a Alejandro Magno en su formidable proeza de la conquista de Asia; que proporcionaron valiosas indicaciones sobre la flora de los territorios que actualmente ocupan Turquía, Iraq, Irán, la antigua Asia Central soviética, Afganistán y el subcontinente indio.

Siguieron a Teofrasto otros maestros de la Botánica en la antigüedad, como Plinio con su Historia naturales, y Dioscórides con su De materia medica. Apuntándose ya en esta última las extraordinarias posibilidades que las plantas ofrecían para la Medicina, cosa que hoy vemos mejorada y aumentada.

En la filogenia de la ciencia de la vida que ahora nos ocupa, tras la llamada a veces indebidamente, noche obscura de la Edad Media, en el Renacimiento se produjo la gran eclosión recuperadora y ampliadora de los clásicos. A partir de la cual se elaboró un corpus cognoscitivo del que fueron pioneros John Ray (1627-1705), Joseph Pitton De Tournefor (1656-1708) y el más grande de todos, Carolus Linneo (1707-1778). Quien en 1755, en los tiempos de la incipiente Ilustración española, fue invitado por Fernando VI a instalarse en nuestro país. Ofrecimiento que le renovó Carlos III y que ocasionó el viaje de su discípulo Löfely. Quien además de visitar estos pagos y escribir sobre ellos ( Iter Hispanicum ), accedió a la América virreinal.

España ha sido y es tierra de grandes botánicos, pudiendo reseñarse, como primero de todos ellos a José Quer y Martínez (Perpiñán 1695- Madrid 1764), cirujano militar en su inicial profesión, supo aprovechar sus numerosos viajes para reunir un copioso herbolario, lo cual, junto con otros trabajos, le permitió proponer a Fernando VI, en 1755, la creación del Real Jardín Botánico de Madrid; luego muy mejorado por Cabanilles, en su definitiva instalación actual (promovida por Carlos III), del Paseo del Prado, al lado de la Pinacoteca Nacional.

Pero sobre todo, hemos de anotar entre nuestros botánicos del pasado a José Celestino Mutis (1732-1808), gaditano, estudioso de la flora de las actuales repúblicas de Ecuador, Colombia y Venezuela. Cuyo territorio recorrió personalmente, al mando de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, desde la cual regeneró una base documental formidable, llena de ilustraciones que admiran por su perfección.

Ahora en mayo de 2009, es muy recomendable visitar el Real Jardín Botánico de Madrid, donde precisamente se recuerda a Mutis y sus colaboradores. En una medida y muy interesante exposición, en la que se presenta, de manera cronológica, un recorrido de los logros científicos y culturales del gran médico y botánico gaditano, que hizo de Santafé de Bogotá la sede de la Ilustración botánica del XVIII; con canales directos de intercambio con capitales europeas como Upsala (Linneo), París, Londres o Madrid.

La primera sección de esta exposición titulada Mutis y la Ilustración gaditana (1732-1757), da a conocer la importancia comercial, militar e intelectual de Cádiz en la época de Fernando VI, cuando el Marqués de la Ensenada, Don Zenón de Somodevilla, reconstruyó el poderío naval español; con figuras destacadas como el marino Jorge Juan, e instituciones avanzadas como la Academia de Guardias Marinas, el Observatorio Astronómico, y el Colegio de Cirugía.

La exposición continúa con un apartado sobre Mutis y la Ilustración madrileña (1757-1760), en el que se describe su estancia en la Corte, donde se relacionó con científicos como Miguel Barnades, con el que aprendió los rudimentos de la clasificación botánica de Carl von Linné, el ya citado Linneo.

Seguidamente, en la sección Por la ruta de las Indias (1760-1770) ilustra la situación de Mutis en la Corte en vísperas de su gran viaje a las Américas, una coyuntura política en la que en su calidad de médico de cámara del virrey Pedro Messía de la Cerda se le destinó a la Nueva Granada; siempre con la idea de regresar a la corte de Madrid y crear un nuevo Gabinete de Historia Natural en el Jardín Botánico.

La siguiente sección de la muestra, está dedicada a Mutis Naturalista, que en las Indias supo manifestarse en múltiples facetas: como sacerdote que era, empresario minero, comercializador del té de Bogotá, y partícipe en el descubrimiento de la quinina.

En la sección En Santafé de Bogotá (1778-1783), se explica la creación oficial de la Expedición, para la que Mutis seleccionó un equipo enteramente criollo, con la organización de un importante taller de pintura a colores para las láminas. Muy admirado por Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland, durante su solemne visita a Mutis en Santafé de Bogotá en 1801.

El Legado de Mutis muestra la rica y amplia colección botánica e iconográfica que el sabio gaditano dejó tras su muerte en 1808, que fue trasladada a Madrid tras la intervención militar del general Morillo durante la emancipación de lo que hoy es la República de Colombia.

No se pierdan la exposición, amigos de ESTRELLA DIGITAL, y aprovechen para, hasta finales de mayo, dar un estupendo paseo por esa joya excepcional que es el Jardín Botánico de Madrid, que regenta el CSIC.

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