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Editor: Carlos E. Rodríguez - Director: Armando Huerta
30/04/2009
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Una severa recesión pero Zapatero no pierde la sonrisa

Primo González

Con ese "optimismo antropológico" que le caracteriza, el presidente del Gobierno, que sigue sin perder la sonrisa, ha dicho este miércoles en Bruselas que el semestre de la presidencia española (primera mitad del año 2010, es decir, a la vuelta de la esquina) será el de la "recuperación económica" europea. Se conoce que los ánimos que le ha insuflado Sarkozy han dado nuevas alas a las ambiciones internacionales de nuestro presidente, que ahora parece disponerse a capitanear la salida de la crisis nada menos que en la Unión Europea, como si del mismo Obama versión vieja Europa se tratara.

La espléndida sonrisa que luce estos días el presidente del Gobierno español parece abstraerse de las penalidades que embargan al resto de los españoles, entre los cuales no predomina precisamente el optimismo ya que caminamos a golpe de récord. Uno de ellos ha sido el del barómetro del CIS (artilugio gubernamental, por cierto) que ha dado unos resultados manifiestamente preocupantes en relación con el estado de ánimo de la población, cuyas tres cuartas partes consideran que el paro es el gran problema nacional, en porcentajes nunca alcanzados por su cuantía.

Pero del estado de ánimo que reflejan las encuestas de opinión se puede estar más o menos seguro, ya que su fiabilidad siempre aparece sometida a múltiples peripecias. Lo que no es tan manipulable ni de validez cuestionable es el repertorio de cifras con que estos días nos ha obsequiado el aparato estadístico y contable nacional. Todavía no se habían apagado los ecos del déficit público y de la caída en picado del superávit de la Seguridad Social (un 24% de retroceso en el primer trimestre), cuando nos llegan las primeras cifras de estimación del Producto Interior Bruto del primer trimestre, obra una vez más del gran agorero del momento, el Banco de España. Según la versión de este organismo, el PIB español habría caído un 1,8% en el primer trimestre del año respecto al ya deprimido nivel del cuarto trimestre de 2008, aunque el retroceso se puede medir en términos anuales para que ofrezca un aspecto más riguroso (corrige sobre todo las estacionalidades) y entonces la caída es de nada menos que el 2,9%. Un retroceso desconocido desde hace bastantes años, desde la década de los 70.

La recesión, por lo tanto, parece seria. La más seria nunca conocida. Quien quiera consolarse puede echar mano de la cifra paralela que este miércoles ha ofrecido el Gobierno de EE UU, estimando un descenso del 6,1% en el PIB del primer trimestre en la mayor economía del mundo (todavía), descenso que se agudiza si se tiene en cuenta que en el cuarto trimestre del año pasado alcanzó el 6,3% y el tercero también registró caída, encadenando de este modo tres trimestres consecutivos de fuerte retroceso en la producción de la economía estadounidense.

Este panorama adquiere tintes bastante más dramáticos, en lo que a nosotros los españoles nos atañe, cuando se leen las previsiones a medio plazo. No dejan de ser previsiones, pero de momento, en lo que atañe al futuro, es lo único de lo que podemos disponer. Dicen los analistas en sus previsiones que España tardará bastante más tiempo que la Unión Europea en salir del bache, aún dando por descontado que en el año 2010 la UE todavía mantendrá un ritmo de actividad cercano al crecimiento cero. Para España, sin embargo, los augures reservan pronósticos mucho más dañinos, ya que la gente nos ve todavía, a lo largo del año 2010, saliendo trabajosamente de pérdidas para completar un año en negativo, lo que quiere decir que posiblemente empecemos el año 2010 con caídas del PIB todavía apreciables, que se irán dulcificando a partir de la mitad del año.

En estas condiciones, la presidencia española de la Unión Europeas, que toca justamente en el periodo comentado, en el que puede darse la circunstancia de que España, junto con Irlanda, encabece el pelotón de los países europeos más castigados por la crisis, amenaza con convertirse en un triste calvario para nuestra imagen exterior. Presidir la Unión Europea con el peor balance (o uno de los peores balances) económicos de los 27 parece el destino que le aguarda a nuestro país y, por lo tanto, a Zapatero. No es para sentirse orgulloso, pero es lo que hay.


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