El informe que acaba de dar a conocer el Fondo Monetario Internacional (FMI) es, al mismo tiempo, el diagnóstico y la previsión más inquietantes que hemos podido leer en esta escalada de presagios que vienen desde hace año y medio. Si cada nuevo análisis incorpora más constataciones de deterioro económico, los indicadores que aparecen a las pocas horas se encargan de suministrar munición para una nueva revisión, naturalmente a la baja, de lo que va a suceder en el plano macroeconómico.
Hay pocas esperanzas de que, a estas alturas, las declaraciones optimistas sean capaces, por sí solas, de detener la ola bajista, más bien parecen atizar el incendio con mayores dosis de combustible. De hecho, tales declaraciones caen en el descrédito al comprobar que el siguiente indicador en aparecer es todavía peor que los anteriores. En los últimos meses, todo cae a ritmo de dos dígitos, lo que significa que nos encaminamos a ritmos acelerados hacia la parte más baja del ciclo. ¿Dónde estará? A tenor de la comparación histórica (hace ya uno o dos meses que casi todo baja a mínimos históricos y a ritmos históricos), el fondo no debe estar lejos. Pero nadie se atreve a fijar fecha y datos del destino al que nos está conduciendo este deterioro acelerado de la actividad económica.
Una de las consecuencias que nos ha traído el menor crecimiento de la actividad económica, y en los últimos meses la contracción de muchas actividades industriales, es la situación bastante insólita que vive el sector eléctrico, uno de los pilares básicos de la economía y de la industria. Pues bien, las empresas eléctricas están calculando que en la actualidad les sobra, cuando menos, el 20% de su capacidad instalada. Es decir, hay plantas eléctricas semiparalizadas, que tienen que rechazar suministros de combustibles contratados, por ejemplo de gas natural. La industria española ha visto caer en picado sus pedidos y, en consecuencia, la actividad industrial se ha visto mermada en proporciones superiores al 30% en algunos sectores. Hay subsectores industriales que están consumiendo en la actualidad la mitad de la electricidad que demandaban hace un año.
Además, y dado que estamos viviendo un año "verde" bastante intenso (mucha agua y mucho viento), las energías renovables están funcionando a tope, sobre todo la eólica, que en algunos días ha representado el 30% de la producción eléctrica del país y que en lo que llevamos de año roza el 15% del suministro eléctrico. La energía eléctrica que producen los pantanos está también en uno de sus mejores años en la historia reciente. Los pantanos de utilización hidroeléctrica no conocían tanta cantidad de agua almacenada desde hacía tiempo, lo que aporta un caudal considerable de kilovatios de baja conflictividad ecológica, puesto que sustituyen la quema de carbones y derivados del petróleo, que siempre lanzan a la atmósfera miles de toneladas de contaminación. Por lo tanto, la crisis económica nos está dejando un sector eléctrico bastante mejor dimensionado, en el que posiblemente no sea necesario realizar inversiones en unos cuantos años por delante, asunto que de paso puede crearle algunos problemas a la "nueva" Gas Natural. La compra de Unión FENOSA estaba supeditada a la venta de algunos activos que ahora encontrará serias dificultades para vender. ¿Qué harán los señores de Competencia con este contratiempo, no deseado ni previsto?
No hay, por lo tanto, y como dice el dicho, mal que por bien no venga. Lo que está claro es que la profundización de la crisis está trayendo de la mano el peor de los males, un aumento espectacular del paro, menor consumo, menor demanda final, sobrecapacidad en muchas industrias que tardará quizás años en recuperarse y, a la postre, un desierto de inversiones. ¿Quién va a invertir si hay excesos de capacidad entre el 20% y el 30% en sectores industriales enteros? No hablemos de la vivienda, en donde hay casas sin utilizar para abastecer la demanda en dos o tres años. Lo que cada vez parece más claro es que el fondo de la crisis no se vislumbra para el año en curso. El Fondo Monetario Internacional lo ha dejado bien claro, al igual que el Banco de España. Y que el fondo de la crisis llegará o lo veremos, en el mejor de los casos, a lo largo de algún momento del año 2010.