Este lunes aterrizará en Madrid el matrimonio Nicolas Sarkozy-Carla Bruni en la que es la primera visita de Estado del presidente de Francia a España (la primera vez que visitó nuestro país fue en mayo del 2007, recién llegado a la Presidencia de la República), que promete, además, convertirse en todo un acontecimiento político y económico del que dará cuenta la cumbre hispano-francesa a la que asistirán ministros de los dos países.
Y, también, cómo no, en un acontecimiento social en el que competirán Carla Bruni, que traerá todo un vestuario de sus modistos preferidos (Chanel y Crhistian Dior), y la Princesa de Asturias, con la que coincidirá en un almuerzo privado en el Palacio de la Zarzuela, presidido por los Reyes, y en una cena de gala en el Palacio Real a la que asistirán solamente 120 invitados.
Sarkozy trae consigo las pruebas de la colaboración policial entre Madrid y París que ha permitido que, en menos de seis meses, hayan sido detenidos en el vecino país los últimos tres números uno de ETA, una colaboración que se intentará intensificar en el transcurso de la cumbre bilateral, dedicada especialmente a la lucha contra al terrorismo y a la búsqueda de nuevos mecanismos para combatir el narcotráfico, las bandas organizadas y las organizaciones mafiosas.
La cumbre repasará los acuerdos de la última reunión del G-20 en Londres y debatirá, a propuesta del presidente francés, la ayuda a sectores en crisis, especialmente a la industria del automóvil, una de las prioridades de Sarkozy.
Por otra parte, Nicolas Sarkozy llega a Madrid en plena polémica, en España y Francia, por unas desafortunadas declaraciones del presidente francés ante veinte diputados y senadores en un almuerzo en el Elíseo en las que supuestamente ponía en duda la inteligencia de Zapatero en contraposición con los dirigentes socialistas franceses, que se consideran muy inteligentes pero que son incapaces de ganar elecciones.
Las declaraciones de Sarkozy, en un auténtico "festival del yo", realizadas entre el aperitivo (tomates con
mozzarella)
y el postre
(mousse
de frutas con chocolate), publicadas por el diario francés
Liberation,
desmentidas por el Elíseo y ratificadas posteriormente por el periódico, no impedirán que un sonriente Zapatero le reciba en la Moncloa, almuerce con él y trate de disipar cualquier mal entendido.
Evidentemente, esas declaraciones, de las que se ha excusado personalmente en una carta enviada al Palacio de la Moncloa y hecha pública en Francia la candidata socialista a la presidencia, Ségolène Royal (la "Zapatera" francesa), no son las mejores tarjeras de visita que puede exhibir el "pequeño Napoleón", convencido de que no sólo es el líder de Europa sino también del mundo, teniendo en cuenta, según él, que el presidente norteamericano Barack Obama no tiene experiencia política ya que ni siquiera ha dirigido un Ministerio.
Distante con el Rey, al que no ha perdonado que no asistirá ni él ni nadie de la familia real a la exposición que su padre, el pintor Pal Sarkozy, realizó en el mes de junio del año pasado en Madrid, y crítico con Zapatero, al que no considera ni mucho menos a su altura, el protocolo y la necesidad de entendimiento entre los dos países, que es verdad que ha mejorado desde su llegada al Elíseo, superarán esas dificultades que son fruto del ansia de protagonismo exagerado del personaje y no de ningún contencioso que enfrente a los dos países.
La labor más difícil tendrá que asumirla el nuevo embajador en Madrid, Bruno Delaye, uno de los mejores diplomáticos que Francia ha enviado a España en los últimos años.