Aunque gane partidos y siga vivo en la Liga, después de haber perdido la Champions League y la Copa del Rey, hay que decir que no se puede admitir ni justificar el espectáculo que ha ofrecido el Real Madrid frente al Getafe por causa de la agresión de Pepe. Lo que, sumado a su mal juego, a la crisis de su actual directiva -marcada por las trampas y los escándalos de la gente de Calderón-, y a las tensiones continuas entre un equipo mediocre de jugadores, hace que el que era el mejor equipo de fútbol del mundo hoy parezca una mera caricatura de lo que ha sido y representa, lo cual merece ser rectificado una vez que concluyan las elecciones presidenciales del mes de junio.
El madridismo está desolado y se consuela con la esperanza de derrotar al Barça en la Liga el próximo 3 de mayo y con la esperanza de que el ahora apretado calendario de los blaugrana les dé a ellos la oportunidad de optar a la victoria final en el campeonato español, ganando a trancas y barrancas con el peor fútbol visto en el Bernabeu y pendientes del fallo de los otros más que de sus propios éxitos, lo que no deja de ser una mera ilusión, o un consuelo de tontos. Porque, les guste o no, el Barça de Guardiola es todo un espectáculo, un equipo de grandes jugadores, compacto, que hace un fútbol exquisito y exhibe una calidad y unas maneras encomiables.
La agresión de Pepe al jugador del Getafe es un episodio nunca visto en el estadio Bernabéu, y corresponde a un ataque de locura e impotencia y a un ambiente irrespirable en los vestuarios del equipo blanco, marcados por un entrenador interino, con escasa autoridad, al que se le suben a las barbas un día Guti y otro Raúl. Dos viejas glorias que, como el perro del hortelano, ni juegan ni dejan jugar mientras ocupan en el campo lugares que deberían estar destinados a otros jugadores de renombre mundial.
De ahí que la esperanza que suscita la inminente presidencia de Florentino Pérez, si se confirma su candidatura y victoria en las elecciones del Madrid, no será suficiente si no va acompañada de una auténtica revolución en el seno del Club. Tanto en su dirección y organigrama, como en su equipo y en los esperados fichajes estelares, su proyecto empresarial, en su cantera y en su financiación. Y especialmente esto último, porque sin mucho dinero no es posible hacer un equipo que, como dijo Casillas, pueda volver a ganar la Copa de Europa.
Y en eso de las operaciones financieras tenemos que reconocer a Florentino la habilidad y capacidad de intriga política e iniciativa empresarial, como se vio con la operación de la venta y traslado de la Ciudad Deportiva del Real Madrid. Una operación que Florentino podría repetir con el traslado del Bernabéu a la nueva ciudad deportiva, al tiempo que va troceando y "privatizando" en distintas sociedades diversos aspectos del Club, que es lo que se dice que está tramando Florentino. Y lo que sería un primer paso hacia el objetivo final de la conversión del Club en Sociedad Anónima, un asunto de mayor cuantía que pondría patas arriba el periodo electoral si lo confirmara alguien en el entorno del Florentino.
Vamos a ver cómo discurren las cosas en la Liga -el Barça volvió a dar ayer otra lección de buen fútbol ante el Sevilla-, cómo acaba el Madrid y qué hace Florentino. El empresario de ACS que está sumando desafíos por doquier, porque presidir el Real Madrid y ACS e intentar a la vez y desde ahí el asalto de Iberdrola son muchas cosas al mismo tiempo y de una gran envergadura, por muy listo y capaz que sea Florentino. Además, su espantá del Madrid, todavía nadie sabe bien por qué, no es un buen precedente. Lo que no impide que en su historial figure un magnífico Real Madrid, el de los famosos galácticos que hizo vibrar a su afición exhibiendo un fútbol y unos modales que brillan por su ausencia y que hoy adornan al Barça, su eterno competidor.