La foto de Aznar con su primer Gobierno de 1996 le ha servido al PP para transmitir dos mensajes: que aquel Ejecutivo se enfrentó con éxito a una grave crisis del paro y la economía, y fue capaz de pactar su estabilidad parlamentaria con los llamados partidos nacionalistas moderados, PNV y CiU; los que antes habían sostenido a Felipe González tras los comicios generales de 1993, y posteriormente a Zapatero a partir del 2004. La foto famosa también le ha servido al PSOE para colocar a Aznar por encima de Rajoy y recordar los errores del aznarismo en su segunda legislatura, tanto en la guerra de Iraq como en la gestión de los atentados del 11-M.
Aunque la excusa de la foto del Gobierno de Aznar era ofrecer apoyo a Mayor Oreja en su candidatura europea, el pretendido prestigio -que lo tuvo, por su gestión- de aquel Gobierno de 1996 no se puede asimilar a la situación política actual por motivos evidentes. En primer lugar, porque la crisis económica actual viene acompañada de un determinante deterioro del sistema financiero internacional, el español incluido. Y, en segundo lugar, porque los nacionalistas de ahora nada o poco tienen que ver con aquellos partidos que acababan de pactar con González y que se pasaron a Aznar en el famoso pacto del hotel Majestic de Barcelona.
Un pacto por el que Aznar pagó un alto precio para conseguir la investidura en todos los órdenes: la renuncia a la regeneración democrática; el acoso al periodismo democrático -"el ejército de Pancho Villa", los llamó Aznar- y a los jueces y fiscales que denunciaron el crimen de Estado y la corrupción del felipismo; y, además, dos indignas concesiones a Jordi Pujol: la cabeza de Vidal-Quadras y el "sí" a la ley de inmersión lingüística de Cataluña, el origen de la marginación del idioma español en dicha Comunidad, y de su posterior contagio a Baleares, el País Vasco y Galicia, aunque en estas dos Autonomías el problema está en vía de rectificación tras la salida del poder gallego y vasco de BNG y PNV.
Aunque ha sido bajo el mandato de Zapatero cuando el nacionalismo vasco y catalán ha dado un gran salto hacia delante en sus proyectos soberanistas, por un lado con el Estatuto catalán -sometido al Tribunal Constitucional- y por otro con la demencial negociación política abierta con ETA y Batasuna, bajo los auspicios del PNV.
Pues bien, las recetas de austeridad y menos gasto social que hoy emergen de las filas del PP, y los nuevos coqueteos del partido de Rajoy con el PNV y CiU para aislar a Zapatero no garantizan la solución de la crisis social y económica que vivimos. Ni permiten esperar un pacto razonable del PP con los partidos nacionalistas, hoy lanzados por la pendiente del soberanismo y la autodeterminación hacia la independencia. Porque semejantes iniciativas conducirían a una gigantesca revuelta social, por culpa del paro y el recorte de las prestaciones sociales, y por otra parte obligaría al PP a concesiones a los nacionalistas que difícilmente podrían ser aceptadas por su base social y electoral. Sin olvidar que, para conseguir el apoyo del PNV en una posible investidura de Rajoy, el PP debería entregar al PNV la presidencia del País Vasco, y a CiU todo lo que incluye el Estatuto catalán, renunciando a la defensa del idioma español en Cataluña.
Así las cosas, la nostálgica foto de Aznar con sus ministros no deja de ser un recuerdo tan legítimo como inoportuno, porque permite asimilar el PP no sólo a ese Gobierno sino al que perdió el poder en el 2004 después de una serie de gigantescos errores y mentiras, marcado por un presidencialismo autocrático y megalómano de Aznar, que es el que perdura en el recuerdo de muchos españoles.
Los tiempos que vivimos son mucho más difíciles y distintos de los que se vivieron en la legislatura 1996-2000. Y los nacionalismos de ahora, que están en horas bajas por haberse subido a ciegas al barco confederal que les ofrecía Zapatero desde la más absoluta irresponsabilidad constitucional, no han terminado de lamerse sus heridas, buscan revancha y sus ambiciones nacionalistas quedaron relegadas a un segundo o tercer plano por parte de los ciudadanos de sus respectivas Comunidades Autónomas, que tienen como prioridad la situación de sus familias por causa del paro y los muchos problemas económicos y financieros que estamos soportando.
Todo ello conduce a la idea de que el PP no sólo necesita ganar en el 2012 las elecciones generales para gobernar, sino que debe hacerlo con una mayoría muy amplia. Y, en cierta manera, es lo que también le ocurriría al PSOE, una vez que sus relaciones con el PNV y CiU parecen imposibles por causa de los gobiernos que los socialistas controlan en Cataluña y el País Vasco. Y sobre todo porque la crisis económica castigará severamente a Zapatero en las próximas citas electorales. De ahí nuestra insistencia en señalar, en estos tiempos de crisis y de inestabilidad institucional, el modelo de la gran coalición que impera en Alemania, favoreciendo el prestigio y las cohesión de la nación española, que es lo que está haciendo el presidente Sarkozy en Francia, camino de su próxima cita europea y electoral.