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23/04/2009
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La ilusión de tocar fondo

Enrique Badía

Quizá sea el cansancio por la acumulación de malas noticias, pero da la sensación que, de repente, emerge cierta tendencia a presumir que lo peor de la crisis ha pasado o está a punto de superarse. No es novedad en el Gobierno, que ha pasado de negarla, con la osadía añadida de descalificar a quienes la veían venir, a proclamar que ha tocado fondo... dando pie a que los escépticos repliquen con cierto deje cínico: "sí, pero seguimos escarbando".

Ayer volvió a escenificarse el diálogo de sordos en que se han convertido las sesiones bien o mal llamadas de control al Ejecutivo en el Congreso de los Diputados. De parte gubernamental, la tesis es que todo va a mejor, las medidas están surtiendo efecto y ha llegado el momento de empezar a preparar la fase de recuperación. La oposición, por su lado, sostiene que todo es un desastre, desde la actuación del Gobierno, que no rectifica, a la evolución de los datos, en particular el empleo, mucho peor que el resto de la eurozona. ¿Aportaciones? Pocas, más allá de alguna frase presumidamente ingeniosa que sólo logra el aplauso de la parroquia propia. Aunque esta vez hubo particular protagonismo para la Seguridad Social que, según la doctrina oficial, se encuentra en términos militares "sin novedad".

Hacia el final de la tarde, sin embargo, llegaron a modo de jarro de agua fría las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI). No es que sean la biblia ni merezcan ser especialmente sacralizadas: a fin de cuentas, han errado a menudo, tanto a mejor como a peor. Pero merecen atención, entre otras cosas porque esta vez coinciden con la mayoría de estimaciones internas, tanto privadas como públicas, contando entre éstas las contenidas en el último informe del Banco de España. Para variar, el único pronóstico discrepante, por optimista, es la tesis gubernamental de que las cosas empiezan a encaminarse hacia mejor.

Probablemente, pronosticar es lo más difícil que se pueda hacer hoy. Tampoco parece del todo claro si aciertan más quienes siguen pensando que insuflar optimismo es una forma de anticipar la recuperación, o los inclinados a creer que hacerlo sin bases sólidas sólo contribuye a que las cosas vayan peor. Lo que no cabe ignorar es el riesgo de insistir en que la fase más dura ha pasado y está a punto de superarse... para a los pocos días tener que constatar y acaso reconocer que no era verdad.

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