El satélite ha descubierto días pasados las verdaderas dimensiones de la Muralla china, hasta ahora próxima a los 8.000 kilómetros de extensión y ahora con 2.500 kilómetros más de extensión ocultos hasta entonces en las quebradas y la vegetación del inmenso país. La exactitud con que esta medición ha sido realizada demuestra que hasta ahora se conocían -mal- las gigantescas dimensiones del muro, el único monumento visible desde la luna.
La teoría y práctica de los muros ha sido una constante en la historia contemporánea, desde la Línea Maginot al muro del Sahara. Pero lo que parecía una antigualla arcaica está siendo en estos últimos tiempos una realidad actual.
Cada día nace o se construye un nuevo muro que separa etnias, países, economías, ejércitos, clanes, tribus y naciones.
Muy recientemente, en Río de Janeiro se ha construido una nueva versión de un muro separador entre las "favelas" y los "bellos barrios" urbanos para separar la pobreza de la opulencia, el tráfico de drogas y la delincuencia de las zonas más o menos apacibles de la ciudad.
En la zona alta de las favelas se construye desde hace dos meses un muro de aspecto penitenciario con unos cinco metros de altura que convierte a estos barrios marginales en auténticas fortalezas. Obviamente, la decisión ha sido objeto de encendidas discusiones, pero según los políticos cariocas se trata de establecer un verdadero "cordón sanitario" que separe a los sectores marginales de la clase media urbana que habita en las proximidades y que hasta ahora pagaba los delitos de los marginales habitantes de las favelas. El temor de la clase media urbana se justifica con ciertas cifras; a modo de ejemplo, digamos que entre 1998 y 2008 las áreas marginales de favelas y casas de lata aumentaron un 7%. En principio los muros de Río sirven para que la policía luche contra el crimen y la droga organizada, aunque al respecto el pesimismo se impone porque las bandas de delincuentes pueden saltar fácilmente la muralla y colarse.
Otro muro de gran altura e importante extensión es el que el Estado de Israel ha construido para separar los barrios árabes de los judíos en la zona fronteriza en la región de Jerusalén. Se trata con esta construcción de evitar las incursiones de los terroristas palestinos a zonas judías. La decisión fue objeto de muchas criticas -eran muchos quienes recordaron el "Muro de Berlín"-, pero todo indica que las consecuencias de este cierre están siendo eficaces y que los atentados producidos por palestinos que atravesaban la zona han disminuido considerablemente. Aunque las críticas al muro israelí siguen siendo muy estrictas, todo indica que seguirá en pie y se extenderá, porque según los estrategas del Estado de Israel es el último recurso para acabar con el terrorismo procedente de Cisjordania.
La teoría de los muros tiene trazas de seguir extendiéndose en las zonas más delicadas del planeta. Muros hay en el Sahara occidental para separar marroquíes y saharauis, un muro separa a turcos y griegos y varios países africanos utilizan las murallas para resolver problemas fronterizos o de orden público.
Mientras los enfrentamientos entre países, etnias, clanes, culturas y religiones concluyen, la humanidad parece condenada a asumir la teoría de los muros como el mal menor que por ahora haya otras soluciones para evitar la delincuencia y la violencia política o de otro tipo. El modelo lleva trazas de extenderse y aumentar en todo el planeta. Poco hay que hacer sino aceptarlo.