El gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, un hombre del PSOE de toda la vida, colaborador de Miguel Boyer en el primer Gobierno socialista, y que probablemente pudo ser, en el último reajuste ministerial, el substituto del vicepresidente del Gobierno Pedro Solbes, se ha convertido en el pim-pam-pum del presidente del Gobierno, de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, del ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, y del portavoz del grupo parlamentario, José Antonio Alonso, en un espectáculo inédito en la política española y que va contra la independencia del Banco de España, cuya función principal es asesorar al Gobierno sobre temas económicos, hacer previsiones y, en su momento, emitir las correspondientes señales de alerta ante las dificultades sobre los problemas que pueden surgir.
"El jefe del Banco de España, atacado por el Gobierno", se sorprende el periódico económico
Financial Times,
que señala que el Gobierno socialista español ha lanzado una salva de ataques verbales contra el gobernador del Banco de España, en lo que parece un esfuerzo por distanciarse de cualquier pensamiento económico impopular ante las elecciones europeas del mes de junio.
Fernández Ordóñez se ha hecho impopular en el Gobierno al expresar públicamente su preocupación por la política económica que se lleva a cabo en plena crisis mundial. Ordóñez ha instado a que se controle el gasto público y a que se lleven a cabo reformas para que el mercado laboral español sea más competitivo, advirtiendo de que el sistema de la Seguridad Social podría entrar en déficit en el plazo de un año.
Probablemente haya sido esa posición exigente y rigurosa para que se afronten cuanto antes las reformas estructurales que necesita la economía española lo que ha impedido su nombramiento como vicepresidente económico, ya que hubiera chocado directamente con el presidente, empeñado en llevar personalmente el tema económico, sin tener en cuenta el creciente déficit público que puede afectar, según un informe del Banco de España, al sistema de pensiones y a que la Seguridad Social entre en déficit el año que viene.
Aunque la entrada en déficit dentro de un año no supone a corto plazo ningún problema -ha habido en el pasado años en que se ha tenido que convivir con el déficit de la SS-, lo que el gobernador ha hecho es abrir un debate necesario sobre el futuro de las pensiones en España, sobre la ratio entre pensionistas y población laboral, que puede ser más del doble, el 60%, en el año 2050, sobre la necesidad de prolongar la edad de jubilación, sobre considerar como cotización todo el periodo laboral, y no los últimos quince años, y sobre la urgencia de abordar dentro del Pacto de Toledo cuál va a ser el futuro de un sistema que en los próximos años puede entrar en crisis, debido a la disminución de la tasa de natalidad y a una menor población laboral diezmada además por el paro.
Todas esas ideas, que son fruto de un amplio informe elaborado por el Servicio de Estudios del Banco de España, "La Reforma del sistema de pensiones en España", solicitado por la Comisión del Pacto de Toledo del Parlamento, son las que han provocado la polémica en la que el gobernador ha sido objeto de una auténtica ofensiva gubernamental en la que, al parecer, se ignora cuál es la misión del Banco de España y su independencia.
"Siguiendo el ejemplo de la Reserva Federal de Alan Greenspan -recuerda el
Daily Telegrah
británico-, en el mundo demasiados gobernadores de bancos centrales, supuestamente independientes, hicieron poco por ganarse la impopularidad política. Es hora de que esas autoridades recuperen el término ético. Puede que Ordóñez quiera invitar a sus homólogos a un seminario de franqueza".