Presidente Consejo Editorial: Germán Yanke
Editor: Carlos E. Rodríguez - Director: Armando Huerta
17/04/2009
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El tricornio de Pumpido

Germán Yanke

Si se trataba de dar un espaldarazo a la imagen y "mejorar la eficacia", se pudo comprobar ayer que las deficiencias del Gobierno en asuntos especialmente sensibles son clamorosas. Cándido Conde-Pumpido, desayunando algo especial, se despachaba a primera hora de la mañana diciendo que, en el asunto de las marcas no tan blancas de ETA-Batasuna, hubo que acudir a la Guardia Civil porque la Policía Nacional no colaboraba adecuadamente. El no va más: el fiscal general del Estado dando una bofetada dialéctica en público nada más y nada menos que a la Policía Nacional que, por decisión del actual Gobierno, tiene el mismo director general que la Guardia Civil. A esa hora, avisado de lo que se estaba diciendo, el ministro del Interior se daba golpes en la cabeza y, poco después, el citado director general se mostraba muy enfadado y defendía el honor de la Policía: Conde-Pumpido no se podía quejar porque dispuso en su momento de toda la información necesaria para oponerse a las listas camufladas de los batasunos. Los sindicatos policiales bramaron a lo largo de la mañana y señalaron como causa del despropósito las peleas institucionales entre unos y otros. El ministro habla por fin con el fiscal general y espera una rectificación, que se produjo al mediodía de modo particular: en un encuentro de éste con el mosqueado director general se da por zanjada la "polémica" aludiendo a un leve "problema procedimental" o a una "pequeña descoordinación".

No queda claro si el diminuto problema es entre la Policía y la Fiscalía, entre el fiscal y su debida prudencia, entre los dos cuerpos que tienen el mismo director general o entre la política antiterrorista del Gobierno y el sentido común. Pero, sin duda, tenían ayer más razón los que pidieron la dimisión de Conde-Pumpido (UPyD, por ejemplo) que los que solicitaron la comparecencia del ministro en el Parlamento (PP), porque si resultaba esperpéntica la queja pública del primero, sólo faltaba tener que discutirla en el Congreso como una cuestión de debate entre el partido gubernamental y la oposición. Sin embargo, después de las palabras de los dos responsables para zanjar el tema, sí que es exigible que se aclare de qué se trata, de qué descoordinación estamos hablando. Una exigencia que no resta un ápice a la asombrosa y gravísima imprudencia del fiscal general del Estado.

La falta de seriedad y la descoordinación, ésta si es evidente, entre distintos organismos gubernamentales o dependientes de él es ya evidente en el Gabinete de Rodríguez Zapatero. Desde asuntos menores (como la filtración de la crisis gubernamental) a otros mayores (como la retirada de las tropas de Kosovo) pasando por algunos gravísimos (como este último, que afecta a la lucha contra el terrorismo), se van sumando espectáculos lamentables que precisan una reflexión serena y una dirección política coherente que brilla por su ausencia. La improvisación, los desaciertos verbales (como el desprecio del presidente a Ramón Jáuregui al ser sustituido por Eduardo Madina en el grupo socialista del Congreso) y ciertos toques de extravagancia son ya notas características de un Rodríguez Zapatero agobiado por los acontecimientos y dependiente de la imagen. Si toda la trama institucional del PSOE está construida a su imagen y semejanza, sólo falta que los demás -hasta el fiscal general- se contagien.

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