Tres los cuatro mejores equipos europeos son ingleses. El cuarto, aunque tal vez primero en calidad, es el Barcelona. El quinto, por orden de méritos sería el Spanish Liverpool, que también nos han eliminado y que iba a gozar del favor de cuantos ven al Barça con malos ojos. Caídos Real Madrid y Atlético, y posteriormente Villarreal, nos hemos quedado con el Barça como único argumento en defensa de nuestro Liga.
En cuartos de final la superioridad inglesa ha sido apabullante. Han pasado tres porque Chelsea y Liverpool optaron a una sola plaza y protagonizaron tal vez el mejor partido de todo el campeonato. El empate final a cuatro tantos, y con las alternativas que tuvo el marcador, fue muestra del modo en que los ingleses afrontan los partidos transcendentales.
Para muchos viscerales aficionados españoles, el deseo de que pasara el Liverpool no estaba sólo en la querencia que puede significar la presencia de entrenador y jugadores nuestros en su nómina, sino en la posibilidad de que se enfrentara al Barça en semifinales y vengara el honor del Real Madrid, al que había apeado previamente.
Seguramente, diremos que en esta Liga de Campeones se ha reivindicado el fútbol inglés y ello no será verdad incuestionable. La
Premier
es grande y tiene jugadores excepcionales que componen equipos de lo mejor del mundo y, sin embargo, quienes aportan, en muchos casos, la diferencia de calidad son futbolistas foráneos.
Al fútbol inglés, en época de medianía de su selección, le ha venido bien levantar el ánimo con los clubes. Es proceso que se vivió en España cuando la selección nacional no pasaba de cuartos de final.
El honor del fútbol español está ahora en el Barça, equipo en el que se alinean más españoles que en los otros clubes del grupo especial. Y la cantera es su gran patrimonio.