En medio de la deteriorada imagen que sus errores y las desgraciadas circunstancias internacionales concurrentes le están deparando, Zapatero ya no suele parecer el mismo de antes. Se le va yendo a pique el talante famoso. Alfonso Guerra no le habría podido llamar "bambi" en su día si le hubiera observado como hoy aparece en muchas ocasiones. Con el viejo gesto sonriente borrado, con la mirada errática, crispado en el decir cuando le toca comparecer parlamentariamente, el presidente del Gobierno comprueba quizá por primera vez que eso de gobernar presenta sus inconvenientes. Salvo cuando tiene que dar la cara muy a su pesar, su estrategia consiste en delegar. Lo hizo así casi desde el primer momento de su llegada al poder, sólo que ahora se busca las muletas con absoluto sentido de la capitulación personal. Su preferencia por el elemento femenino le ha inducido a sacrificar a personajes (personajas diría alguno/a) en andanzas o gestiones de desgaste. Es lo que ha ocurrido con Carme Chacón en Kosovo y lo que le ha venido sucediendo a María Teresa Fernández de la Vega en sus variadas giras internacionales. Probablemente cree que de esta manera evita su deterioro político personal, pero no es así. Se ha observado que la pueril argucia de atribuir a la catalana Carme el protagonismo declarativo de la espantada de Kosovo ha equivalido al clásico tiro por la culata. La opinión internacional ligada a la OTAN lo ha dicho muy claro: "No te escondas, ZP".
El problema no era la carencia de argumentos para decir que España no podía mantener en Kosovo una presencia militar fortalecedora, junto con otras potencias, de la secesión unilateral de la antigua provincia serbia (¿Euskadi? ¿Catalunya?), sino el miedo a incomodar a Obama, cuya mano diplomática pretende Zapatero para conquistar el favor de la opinión norteamericana. Nada más infantiloide en el manual de maneras que rigen los protocolos de la política exterior que el brusco "todos a casa" de la ministra como novedad exclusiva para soldados y oficiales en Kosovo, aunque se supone que algo le anticiparía a su marido, Miguel Barroso, experto en comunicación, publicidad y marketing, divorciado de la directora de la revista
Yo Dona,
que ya ha aireado en sus páginas a la "dona" catalana conductora de los intereses de nuestra defensa.
En fuera de juego habían quedado mientras tanto en Washington el general Félix Sanz (ex Jemad y actual secretario de Estado para el área de Defensa durante la futura presidencia española de la UE en el 2010) y Bernardino León, secretario de la Presidencia del Gobierno, político de trayectoria ascendente. En esas coyunturas nunca se sabe cuál es el nivel de los apuros que se padecen, aunque cabe sospecharlos. De todos modos son cosas que van en el sueldo.
La verdad es que Zapatero protagoniza una ejecutoria muy diversificada. Incluso con su cuota de suerte. Cuando logra, por ejemplo, que la inesperada "colaboración" de dos antiguos criminales de ETA, Urrusolo Sistiaga y Carmen Guisasola, sirva para que los presos etarras se alboroten contra la dirección de la banda, algo de ventaja podrá anotarse en su agenda. Los dos etarras, o ex militantes de ETA, han cambiado de cárcel, se han acercado a otra más próxima al País Vasco y en la actualidad hacen propaganda contra la violencia. Increíble tratándose, como es el caso, de dos auténticos chacales. Probablemente ha sido un milagro de Rubalcaba, de quien es difícil hablar como prescindible en la próxima remodelación del Gobierno. Ya en su día, muy lejano históricamente, era impensable que los gobiernos franceses posteriores a la etapa revolucionaria prescindieran del eficacísimo Fouché.
Y ya que aludimos a cambio de Gobierno, una impresión cunde en el ambiente político: hay sensación de parálisis en el Gabinete. Una cuestión de expectativa.