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Editor: Carlos E. Rodríguez - Director: Armando Huerta
27/03/2009
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Trabalenguas europeo

Irene Lozano

La importancia de que los niños reciban la primera educación en su lengua materna, defendida históricamente por la Unesco e invocada en los años 70 y 80 por los defensores del catalán, ha vuelto a ser vapuleada. Esta vez en el Parlamento Europeo y gracias al concurso del PSOE y los nacionalistas catalanes.

La discusión celebrada en la Cámara esta misma semana, sin trascendencia jurídica, versó sobre un texto que decía así: "Es esencial salvaguardar la posibilidad de que los padres elijan la lengua oficial en que han de educarse sus hijos en países en que coexistan una o más lenguas oficiales o una o más lenguas regionales". A primera vista, la redacción parece inocua, pues sólo garantiza la vieja reclamación de la Unesco. Pero los nacionalistas suponen que, si se deja elegir a los padres, la mayoría preferirá que sus hijos no sufran ese ahogamiento lingüístico aquí llamado inmersión, sino que mejoren el conocimiento de su lengua materna. Conclusión: se les prohíbe elegir para asegurar su catalanización precoz.

Liberales, verdes y socialistas europeos estuvieron de acuerdo en suprimir ese párrafo del texto, una decisión en contradicción con un importante documento europeo: la Carta Europea de las lenguas minoritarias y regionales. Dicha carta, concebida en su día para proteger lenguas pequeñas, incide en la necesidad de estimular su aprendizaje y proporcionarles valor social, pero también recoge explícitamente la necesidad de que el fomento de esas lenguas no vaya en detrimento del aprendizaje de la lengua que es oficial en todo el Estado. Es decir -por trasladarlo al caso español- que la enseñanza del catalán, el gallego o el vasco no repercuta negativamente en el aprendizaje del castellano, única lengua oficial en toda España. ¿Por qué se molestarían los redactores de la Carta en introducir ese artículo? Probablemente porque tuvieron en cuenta una de esas obviedades que en España es un sacrilegio enunciar: aprender deficientemente la lengua oficial de todo un Estado resta posibilidades de desarrollo personal, movilidad profesional y promoción social a los individuos.

Los eurodiputados del PSOE, no obstante, siguen empeñados en lo contrario. Están convencidos de que el progreso por el que vale la pena dar la batalla política, el progreso realmente relevante, es el de las lenguas y no el de las personas. Con progresistas así, el regreso está asegurado.


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