La selección española de fútbol se enfrenta a Turquía el sábado, y el miércoles siguiente, en partidos valederos para la clasificación del próximo Campeonato del Mundo que, por vez primera, se disputará en África. Sudáfrica, que vivió muchos años al margen del deporte, a causa de la discriminación racial que ejerció, volvió con fuerza y no ha tardado mucho en ser sede de acontecimiento tan seguido en todos los continentes como es el espectáculo futbolístico.
España, actual campeona de Europa, no puede perderse la oportunidad de volver a figurar en la élite mundial. Además, está obligada a hacerlo en el primer puesto del grupo en que está encuadrada. Turquía es, sin duda, el peor adversario de la fase.
Vicente del Bosque no se ha permitido ninguna alegría. No ha caído en la tentación de cambiar el equipo. El sentido común le obliga a mantener el grupo y su fórmula futbolística. Las presiones mediáticas para que llamara a Raúl no han sido suficientes para hacerle cambiar de idea.
En el fútbol español ha sido habitual buscar para cada partido fórmula distinta y cada seleccionador se ha permitido enmendar la plana del anterior aunque no fuera necesario. Del Bosque prefiere vivir con la tranquilidad que le proporcionan los jugadores con los que contó Luis Aragonés.
El problema que se le plantea en esta ocasión es el hecho de que varios de sus jugadores no están en el mejor momento físico. Los artistas están entre algodones. El barcelonista Iniesta no se ha podido integrar en la concentración del equipo nacional a causa de la lesión que le mantendrá fuera de combate al menos quince días.
Silva no ha jugado el último partido de Liga con el Valencia y Xavi se lesionó el pasado domingo. El grupo de quienes manejan el balón en el centro del campo tiene problemas. Tampoco Villa está físicamente en plenitud. Pese a ello, Del Bosque no se ha planteado la posibilidad de dar un vuelco en nombres y fórmula de juego. Es lo más razonable.