El Gobierno está débil, siempre lo ha estado, la mayoría parlamentaria (169) es insuficiente, necesita sumar siete más para pasar las leyes. La pasada legislatura estaba peor aun (164) pero llegó al final sin perder ninguna votación significativa. En aquella legislatura (2004-08) mantuvo pactos razonablemente estables con la izquierda (IU, 7 escaños, y ERC, 8 asientos) para cerrar todas las mayorías que necesitó y en determinados momentos los otros grupos nacionalistas catalanes, vascos, gallegos, canarios, aragoneses, navarros, prestaron apoyos concretos.
Esta legislatura, que ahora cumple un año, aunque Zapatero cuenta con más escaños (cinco), la aritmética se le hace más costosa. IU y ERC no suman lo suficiente y los que suman, vascos, catalanes, gallegos... se han puesto imposibles o muy caros por las posiciones confrontadas con los socialistas en los Parlamentos autonómicos.
La soledad del Gobierno es más palpable por la aritmética y sobre todo por la cara, por la creciente cara de perdidos que muestran cada día que pasa. Al presidente se le nota cansado y descentrado, atina mal hasta en lo fácil (caso Kosovo) y el resto del Gobierno parece desaparecido en la bruma, empezando por el equipo económico, que debía ser el artista principal de la obra.
No obstante las votaciones pasan y el Gobierno no las pierde, se parece al Real Madrid de Juande Ramos, no convence, aburre, pero suma puntos y ha recuperado la mitad de aquella ventaja insuperable de 12 puntos que le sacaban los virtuosos de Guardiola.
Los animadores de Rajoy le empujan a la moción de censura porque imaginan que el adversario está noqueado, que sólo hace falta un empujoncito. Pero en cuanto preparan ese golpe se dan cuenta que no es posible, que a la hora de la verdad el Gobierno suma los votos necesarios para sacar adelante sus planes con concesiones cuyos costes están por verse. La geometría variable de los pactos es laboriosa pero posible.
Probablemente este trimestre, primero del 2009, va a ser el peor en términos económicos de los dos ciclos, el pasado y en que viene. Al Gobierno corresponde pagar la factura por ese desastre aunque no sea responsable principal del mismo. Pero si en el punto más bajo, cuando es evidente que lo hace mal, mantiene una posición de empate técnico en las encuestas y la valoración del jefe del Gobierno es mejor que la del jefe de la oposición, los populares tienen aún cara la victoria.
El Gobierno debía haber perdido la votación del decreto de reforma laboral mínima, pero ganó de sobra. Tendrá que convalidar el decreto en forma de ley con enmiendas que tendrán precio, pero el decreto ya está en vigor. El PP no ha sido capaz de imponer su ritmo más allá de alguna proposición poco relevante, de esas que se apuntan en barra de hielo y que, además, es muy discutible, entre otras razones porque lleva la firma de adversarios manifiestos como son los nacionalistas, que andan encantados con este zoco en el que se ha convertido la Cámara-gestoría donde reside la soberanía y el poder legislativo.
Este Gobierno está muy mal cuando se le examina, pero aguanta cuando se le compara.