Aunque supuestamente la culpa es de los precios del petróleo, el caso es que el régimen de Hugo Chávez parece haber entrado en crisis a causa de una economía despendolada que acompaña las disparatadas decisiones del dictador caribeño sobre nacionalizaciones y estatificaciones de bancos, grandes industrias, puertos y aeropuertos. El ejército se ha hecho cargo la semana pasada de la administración y explotación de los puertos y aeropuertos de todo el país, que constituían para municipios y gobiernos regionales una excelente fuente de ingresos.
El barril de petróleo ha pasado de 56 dólares el barril a 37 y esto ha traído consigo un recorte del 6,7% en el presupuesto del año 2009. Dicho recorte representa el 60% de los gastos nacionales, lo que obviamente está teniendo repercusiones sobre la vida cotidiana de los venezolanos y la estabilidad económica del país.
Por de pronto, la falta de dinero empieza a notarse en todos los sectores y, por ejemplo, los buques-tanque alquilados por Petróleos de Venezuela para llevar el crudo a los diversos clientes esparcidos por el mundo hace meses que no han sido pagados, y lo mismo sucede con bastantes funcionarios afectados, ellos también, por los decretos de reducción de "gastos suntuarios".
Probablemente para frenar el descontento galopante de estos y otros trabajadores, Chávez decidió muy recientemente aumentar en un 20% el salario mínimo, que en la actualidad es de unos 275 euros. El aumento será satisfecho en dos plazos en los meses de mayo y septiembre.
Para financiar un fondo de desarrollo y la falta de liquidez existente el Banco Central de Venezuela ha vendido también recientemente la "herencia de la abuela", es decir, siete toneladas de oro.
Pese a que la situación es crítica y no lleva trazas de arreglarse mientras se mantengan los actuales precios internacionales del crudo, Chávez hincha pecho y declara que la crisis financiera internacional no ha afectado a su régimen de forma directa, aunque sí indirecta.
Está por ver por qué razones el autócrata venezolano ha decidido las expropiaciones recientes, entre ellas la del Banco de Venezuela, una filial del Banco de Santander, sin pagar un céntimo por ellas.
Los turiferarios del régimen justifican la ristra de disparates y abusos del dictador indicando que simplemente la revolución "se radicaliza" a medida que las dificultades internas y la crisis se desarrolla sin que obviamente lleguen las inversiones extranjeras. Ningún país, capitalista o no, es suficientemente insensato como para invertir en un país que navega entre los caprichos del dictador y la improbable bajada del barril de petróleo. Sólo el milagro de que por arte de birlo birloque los precios internacionales del crudo aumenten considerablemente en los próximos meses podría paliar la situación de las finanzas y de la renqueante economía del régimen bolivariano.