El Barça divirtió a la parroquia. Antes de la media hora ya tenía resuelto el partido y al final del primer tiempo ya había conseguido la goleada. El Málaga, equipo revelación, que aspira a contar entre los clasificados para los torneos europeos, pereció en el tumulto del ataque azulgrana. El equipo barcelonista volvió a encontrar la vía de las goleadas.
Ganó el Barça con tanta facilidad que recordó al equipo de los comienzos de temporada en los que resolvía el problema en un abrir y cerrar de ojos. Sucedió otra vez. Al descanso ya ganaba a los malaguistas por 4-0.
El Málaga salió acomplejado. Regaló la mitad del campo con la intención de amontonarse en el borde de su área y evitar así las acciones de Messi, Eto'o y Henry. Fue inútil tal precaución. Al Barcelona actual resulta muy complicado anularlo. Cuando se intenta neutralizar las acciones rematadores de Messi o Henry llega Xavi y marca.
Media hora antes, en el Bernabéu, se hacían cábalas sobre la posibilidad de que el Málaga diera la sorpresa y la desventaja se redujera. Al Barcelona parece que le condiciona psicológicamente muy poco el que, transitoriamente, el Madrid reduzca los seis a tres puntos. Para evitar dudas, para acabar con las elucubraciones, al descanso ya no tenía nada que temer.
Empieza a ser cargante montar cada semana la teoría sobre la presión que padece el equipo barcelonés. La presión de ir por delante supongo que es menor que la de ir por detrás.
El Barça parece que ya se ha recuperado, que el bache está quedando en el olvido. Sigue vivo en las tres competiciones en que participa. Ahora, al madridismo le gusta creer que al tener que atender la Liga de Campeones quizá afloje en el campeonato nacional.
El Madrid volvió a vencer con facilidad y Huntelaar confirmó su condición de goleador. El Madrid gusta menos que el Barça, pero también gana con facilidad. La pugna, de momento más mediática que futbolística, sirve para vivir cada jornada con más emociones. Es buena desde el punto de vista del espectáculo.