Por si no tuviese suficientes frentes abiertos, el presidente del Gobierno acaba de abrir uno nuevo con la Alianza Atlántica y con Estados Unidos, al decidir la retirada unilateral de las tropas españolas de Kosovo, incumpliendo el compromiso de dar por terminada la misión española de forma unilateral, sin el consenso de los países aliados que tienen tropas sobre el terreno y que habían decidido "entrar juntos y salir juntos".
España, que debió haber tomado esa decisión en los meses que siguieron a la declaración de independencia de Kosovo el año pasado, cuando por imposición de Estados Unidos y varios países europeos y al margen de la Asamblea General de la ONU se decidió separar Kosovo de Serbia, la ha tomado en el peor momento, sin el consenso de los países de la OTAN, sin un acuerdo y comunicación previos con Estados Unidos, de forma precipitada y, sobre todo, sin respetar los protocolos de entendimiento y de colaboración que establecen los cánones internacionales.
Kosovo era, y ahora aún más, un problema para la política exterior española, que no quiso apoyar la independencia de esa pequeña región para que no sirviese de precedente a vascos y catalanes para sus reivindicaciones separatistas.
"En pleno siglo XXI -es el argumento utilizado por los independentistas vascos y catalanes- es posible la independencia de los pueblos, como ha ocurrido en caso de Kosovo, ya que el mapa y, sobre todo, el
status quo
de Europa, que se estableció después de la Segunda Guerra Mundial, se ha roto".
Es verdad que los seiscientos soldados españoles que están allí, defendiendo un
status quo
que nuestro país considera ilegítimo, no podían continuar si además la misión iba a cambiar de signo, y la misión se iba a convertir en una ayuda más al nuevo Estado. Pero eso no significa que la retirada se ha hecho tan mal, con poco estilo, precipitada y planteada como si fuese una retirada similar a la de Iraq, ya que parece diseñada con el mismo patrón, a la luz de las declaraciones de hace meses del ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos: la independencia de Kosovo ha sido un acto de fuerza y es tan ilegal como la invasión de Iraq.
¡Menuda estrategia la de Zapatero y la de la ministra de Defensa, Carme Chacón, de la que se habla como aspirante a la presidencia del Gobierno! Y todo esto sin que el ministro Moratinos estuviese al tanto de lo que se preparaba.
Que a última hora se intente hablar con la OTAN, con el Departamento de Estado norteamericano (la ministra no pudo hablar con el consejero de Seguridad Nacional Robert Gate y no se sabe si alguien de su Ministerio conecto con él) y con algunos de nuestros países aliados, sin esperar siquiera la cumbre de la OTAN que se celebra a principios del próximo mes de abril con la presencia, además, del presidente norteamericano, Barack Obama, es algo incomprensible y que sólo se explica desde la improvisación y como una manifestación más de frivolidad.
Estados Unidos ha reaccionado manifestando su "profunda decepción" con la medida española. La Alianza Atlántica, por boca de su secretario general, Jaap de Hoop Scheffer, ha insistido en la precipitación y en lo inoportuno de la medida porque no se dan las condiciones para el repliegue, y el presidente de turno de la Unión Europea ha calificado la medida española de "lamentable".
Sorprendidos, y decepcionados, las reacciones de los aliados a uno y otro lado del Atlántico han sido unánimes y descalificadoras. Habrá que sopesar, ahora, las consecuencias que el gesto de la Chacón, y la orden de Zapatero, tendrán en nuestra política exterior y, sobre todo, en ese acercamiento a la nueva Administración Obama, la gran preocupación, y casi obsesión, de Zapatero.
Al final, el conflicto provocado por el anuncio unilateral de Carme Chacón, a la que se quiere responsabilizar de todo, sin tener en cuenta que contaba con la autorización del presidente del Gobierno, ha tenido que ser corregido por Bernardino León, secretario general de la Presidencia del Gobierno, que en una reunión con el asesor de seguridad de Obama ha rectificado las medidas anunciadas. Las tropas se quedarán por lo menos un año más, aumentaremos el contingente en Afganistán y tendremos puntualmente informados tanto al Departamento de Estado como a la Alianza Atlántica. Como se podrá comprobar, un modelo de coordinación gubernamental que ignoraban los embajadores en Washington y Bruselas, el ministro de Asuntos Exteriores Moratinos y hasta los más altos mandos militares...