Presidente Consejo Editorial: Germán Yanke
Editor: Carlos E. Rodríguez - Director: Armando Huerta
14/03/2009
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Rabietas nacionalistas

Germán Yanke

Bien, el PNV abandonará el Gobierno vasco. Parece tan inevitable como la rabieta del PNV en la que se va viendo, otra vez, algunos rasgos de su personalidad política. Ibarretxe, causante más que otros del largo declive y del fracaso reciente del nacionalismo vasco, aseguraba ayer que su partido "seguirá dirigiendo este país". Una afirmación que muestra el mesianismo del PNV, como si fuese la encarnación del País Vasco (a lo que, no lo olvidemos, han ayudado muchos otros a lo largo de los años, pero que puede apuntar una sorda batalla entre las diputaciones, muy poderosas en aquella comunidad autónoma, detentadoras de las competencias fiscales, y el nuevo Gobierno que presumiblemente presidirá Patxi López.

La resistencia del nacionalismo al normal funcionamiento institucional puede tener también como instrumento los sindicatos nacionalistas, sobre todo en las instituciones públicas, aunque los representantes de la Ertzaintza parecen, por el momento, ajenos a esos empeños de cariz político. La paradoja está en que, en su desesperación, el PNV utilizó tras las elecciones del pasado día 1 el argumento de que la crisis económica hacía conveniente el pacto entre socialistas y nacionalistas para, una vez constatado que deberán abandonar el poder, no mostrar ni un ápice de actitud colaboradora con los nuevos gobernantes para luchar contra ella. Es de esperar que López y su equipo reparen en que, además de las dificultades con las que van a encontrarse, no amainará la rabieta nacionalista con los premios y los favores que algunos de ellos preparan para el PNV, dígase sector moderado o no.

Al mismo tiempo, el PNV quiere mostrar los dientes al presidente Rodríguez Zapatero después de haber puesto en sus manos, ingenuamente, las esperanzas de pervivencia en el Gobierno. Ingenuamente, porque lo que desde luego no puede pedirse al presidente es que, en sus decisiones, olvide totalmente el sentir de sus votantes y la ilusión de cambio que se generó la noche de las elecciones en los militantes del Partido Socialista de Euskadi. Pero no aciertan por el momento con el argumento porque, al mezclar la investigación de la corrupción de algunos militantes del PP con la suspensión de los partidos de obediencia etarra, refuerzan, en primer lugar, a los socialistas y no consiguen el apoyo de los populares. A destiempo, además, sacan a la palestra supuestos contactos del PSOE con Batasuna sin aportar ninguna prueba, lo que les coloca, por cierto, en la misma posición que algunos representantes del PP que, hasta hace poco, hacían las mismas acusaciones cuando ya no había evidencia de ello ni de su significado político. Para molestar, el PNV deberá cambiar de estrategia porque no están los tiempos, en el tema vasco, para la unidad de la oposición -como lo hubo en las críticas al modo en que el Gobierno enfrentaba la crisis- y no consiguen otra cosa que el reforzamiento de los socialistas en la decisión de propiciar el cambio en el País Vasco.

Pero, como digo, el peligro no es ése sino que, con bastante poder local, el PNV, que acusaba de desestabilización institucional, se dedique a ello. Si opta por la desesperación alocada en vez de por la reflexión serena acerca de lo que les ha llevado a la oposición, terminaremos viéndolo.

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