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05/03/2009
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El Athletic volvió donde solía

Julián García Candau

Y volvió donde solía. Ha tardado veinticuatro años en recuperar presencia en la final de Copa, el torneo al que dio brillantez en tantas ocasiones. El Athletic, empujado por su ciudad, toda ella volcada en la eliminatoria, no quiso defraudar y se lanzó en pos de la victoria con todas sus fuerzas. Sin la menor relajación. Sin un instante de dudas.

El equipo bilbaíno tenía el resultado en contra y temía que el Sevilla marcara un tanto y certificara su pase. Gorka Iraizoz, su guardameta, salió vestido de negro en homenaje a José Ángel Iríbar, 'El Chopo', recientemente operado de la vesícula. Trataba el cancerbero de hacer honor a su antecesor y evitar que Kanouté o Luis Fabiano, los delanteros más peligrosos, empañaran la noche.

Tres goles en la primera mitad, tres acciones de Javi Martínez, Llorente y Toquero pusieron la eliminatoria de color rojiblanco. Llorente fue el auténtico ariete. Marcó el segundo tanto y robó el balón que sirvió para que, tras su pase, Toquero pusiera la tercera diana en el marcador.

El Athletic basó el triunfo en la comunión entre equipo y público y el desgaste físico durante todo el partido. Los jugadores rojiblancos lograron equilibrar y superar la diferencia de calidad existente entre ambos equipos. Lucharon bravamente por el triunfo y lo consiguieron justamente.

Bilbao recordó los mejores años de su campeón. Anoche en San Mamés convivían espiritualmente la música de Carmelo Bernaola y los gritos de Rompecascos, vecinos ahora de San Mamés y desde cuyo hábitat estaban también empujando para que el Athletic volviera donde solía. Anoche había algo más que un partido de fútbol. Estaba todo el sentimiento vizcaíno puesto en sus colores. La victoria tenía un significado más profundo que el puramente deportivo. La derrota habría sido tan amarga que ni siquiera el txakoli gorri de Bakio podía aminorarla. No hubo caso, sirvió para celebrar un triunfo deseado hace veinticuatro años.

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