En su intento de recomponer una política exterior previsible e inteligible, el presidente Barack Obama ha enviado a Oriente Prçoximo a su secretaria de Estado, Hillary Clinton, que hizo escala en los países más importantes de la región, o lo que así le parecen al presidente.
Faltaba Siria, adonde viajó el senador demócrata John Kerry para iniciar tal vez el deshielo entre dos países cuya enemistad ha sido en los últimos años manifiesta pese a que en 1967 se iniciaron conversaciones bilaterales para tratar sobre la ocupación de la meseta del Golán por Israel y de paso firmar un acuerdo de paz. Las conversaciones finalmente fracasaron y Siria siguió siendo el enemigo más difícil de los USA en la región junto con Irán.
Ambos países -Siria e Irán- se incluyen en el "paquete" de la nueva política exterior americana en Oriente Próximo.
Siria es un punto estratégico importantísimo y clave para la estabilidad regional, entre otras razones, porque en territorio sirio se encuentran instaladas dos organizaciones terroristas, Hamas y la Yihad Islámica.
La enemistad entre los USA y Damasco se ha visto potenciada con la decisiva participación americana en el tribunal internacional creado para juzgar el asesinato del ex primer ministro libanés Rafik Hariri.
En cuanto a Irán, la mediación rusa entre los USA y el régimen de los ayatolás puede ser positiva para el establecimiento de unas relaciones estables. Siendo la clave la cuestión atómica que ha envenenado los contactos con el resto de los países occidentales.
En ambos casos -Siria e Irán- el proceso será largo y difícil.