El dirigente socialista vasco Patxi López, el candidato que más votos ha conseguido subir en las elecciones del domingo (algo más de cuarenta mil), ya que los demás partidos han perdido (65.000 el Partido Popular y algo más de 70.000 el PNV), aunque los nacionalistas de Ibarretxe hayan superado en seis el número de escaños frente al PSE, ha dado un paso más, y ha ratificado su intención de liderar el cambio en el País Vasco aunque tenga que gobernar con una escasa minoría.
Después del fracaso en Galicia, donde el Partido Popular, con un candidato, Alberto Núñez Feijóo, que se presentaba por primera vez, ha logrado alcanzar la mayoría absoluta, al Partido Socialista sólo le queda la oportunidad de conseguir la lendakaritza, aunque sea con un pacto con el Partido Popular y la formación de Rosa Díez, a la espera de los resultados definitivos de la emigración, que pueden dar un diputado más al Partido Socialista, en perjuicio de UPyD.
Durante las últimas horas ha corrido la especie de que se podría producir un acuerdo de Patxi López con el PNV si Juan José Ibarretxe, el actual lehendakari, se retiraba a favor del presidente del partido, Iñigo Urkullu, el gran protagonista de la noche electoral, hasta el punto de obscurecer al actual lehendakari.
La negativa de Urkullu a desplazar al actual lehendakari, y la ola que se ha producido a nivel nacional para que López haga honor a lo que ha venido prometiendo en la campaña electoral, ha influido en el pronunciamiento que acaba de hacer el líder de los socialistas vascos, de acuerdo con un Zapatero que se considera perdedor en estas elecciones autonómicas, a favor de un cambio en Euskadi con un lehendakari que, por primera vez en treinta años, no milita en el nacionalismo vasco.
Patxi López, en su primera comparecencia pública después de la reunión de la Comisión Federal del Partido Socialista en Madrid, presidida por el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, ha despejado cualquier tipo de duda y ha afirmado que la consecución de un lehendakari socialista es un "objetivo irrenunciable" para su partido tras las elecciones del pasado domingo.
López, que durante años ha venido tejiendo una estrategia para llegar a ser el lehendakari de todos los vascos, ha afirmado que no acepta la amenaza de ningún partido y ha recordado al Partido Nacionalista Vasco que el país no es suyo y que no pasa nada si pasan a integrar las filas de la oposición. "El PNV -ha afirmado- tiene que asumir de una vez que es un partido más, no un régimen o la religión de Euskadi".
Para el nacionalismo vasco, cualquier pacto de López con el Partido Popular, pacto que existe en otras Autonomías cuando no existe mayoría absoluta, sería un "pacto antinatura" y una auténtica agresión política... Lo que en otras Autonomías es aceptado como natural en Euskadi constituye, según los nacionalistas vascos, una auténtica provocación, e incluso un reto, según Anasagasti, para que ETA aumente su actividad asesina.
Patxi López ha recibido el visto bueno del presidente del Ejecutivo para gobernar en solitario en Euskadi con un gabinete formado por socialistas e independientes que tengan como principal meta conseguir que tanto nacionalistas como no nacionalistas -o constitucionalistas- encuentren en ese Gobierno un punto de encuentro para la normalización de la vida política en el País Vasco.
La incógnita esta en saber si ese Gobierno, en minoría, que en todo momento dependerá del voto del Partido Popular, su verdadero adversario a nivel nacional, será capaz de hacer frente a la difícil situación política que se producirá en Euskadi cuando el PNV salga de todas las instituciones que han venido controlando durante treinta años y que que han venido manejando con mano de hierro, y en una coyuntura económica desfavorable de recesión económica, de aumento del paro -que llegará a los cuatro millones al final de este año- y con unas perspectivas económicas nada optimistas.