Presidente Consejo Editorial: Germán Yanke
Editor: Carlos E. Rodríguez - Director: Armando Huerta
04/03/2009
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Teoría del frente

Germán Yanke

El nerviosismo del PNV, a punto de perder el Gobierno vasco, se entiende. Hay una cuota de rabieta coreográfica y llevan varios días diciendo que es una vergüenza que se diga que los partidos llamados "constitucionalistas" han ganado las elecciones autonómicas cuando son ellos los que han obtenido 30 parlamentarios, 6 más que el Partido Socialista. Y es verdad que el PNV ha sido la formación más votada, pero la insistencia en ser reconocido como tal demuestra la impotencia tras los resultados electorales: no podrán repetir tripartito ni, por lo que parece, formar parte del Ejecutivo de Vitoria. Otra cuota forma parte de los hábitos políticos del nacionalismo vasco y de su concepción patrimonial del poder: el acuerdo entre los partidos no nacionalistas constituiría un "frente" y, además, conduciría a la "desestabilización institucional".

El partido con más escaños, el partido con más escaños... repiten Ibarretxe, Urkullu y sus corifeos, como si eso entrañase el derecho a tener un lehendakari nacionalista. El actual insistió en ello durante la campaña electoral como si fuese un imperativo legal y ético. Pero en las elecciones autonómicas no se elige (como en las presidenciales norteamericanas y francesas) una persona para gobernar, sino un Parlamento que, mediante las correspondientes mayorías, otorga la investidura al nuevo lehendakari. Un ejemplo, que deberían recordar ahora los nacionalistas cínicamente escandalizados: en las actuales Juntas Generales de Álava el partido más votado fue el PP, pero el diputado general es un nacionalista porque PP y PSOE no se pusieron de acuerdo y el PNV consiguió el apoyo de otras formaciones minoritarias. No he oído hablar allí de desestabilización institucional.

Más interesante aún es la cuestión del "frente". La teoría sobre el mismo es que sólo hay frente si es un acuerdo entre no nacionalistas porque así se puede llamar, en la palabrería al uso, "antinacionalista". Juan José Ibarretxe no pactó en el 2005 con los socialistas precisamente, ni con los populares evidentemente, para gobernar con una fórmula "transversal", como ahora se dice, sino con nacionalistas y con el ya ilegalizado Partido Comunista de las Tierras Vascas, que le prestó dos votos para la investidura. Eso no es "frente", al parecer, porque no es un acuerdo de no nacionalistas, porque no se le puede endosar el sambenito de "antinacionalista".

Lo del frente, invento del PNV, fue comprado por muchos otros, socialistas y comentaristas afines a unos y otros (al PSOE y al PNV), en las elecciones autonómicas del 2001. Si nadie puede negar ahora que Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo querían sumar esfuerzos y votos para propiciar el cambio y desalojar democráticamente al nacionalismo, tampoco nadie que conociera someramente lo que estaba ocurriendo y se discutía entonces podría seriamente afirmar que no hubiera diferencias entre ambos y sus partidos o que quisieran eliminar o reducir los derechos de los nacionalistas. Pretendían que todos tuvieran los mismos, lo que no ocurría ni ha ocurrido hasta ahora gracias al impuesto nacionalismo obligatorio. El argumento se basaba en la afirmación de un dogma: los nacionalistas tenían que estar en el Gobierno para evitar la desestabilización y el acomplejado vértigo, y el PSOE, en vez de entenderse con el PP, debería hacerlo con el PNV. Lo mejor era la "transversalidad". La paradoja es que, como la suma PP-PSOE no fue suficiente, nadie le pidió después transversalidad ni pactos con no nacionalistas a Ibarretxe. Al día siguiente de las elecciones había que dejarle gobernar solo...

Los resultados del domingo arrojan muchas enseñanzas. Que el PNV ha ganado es una. Que hay una nueva mayoría, es decir, una voluntad de cambio en el electorado es otra. Si el PNV se niega a reconocer democráticamente ésta, defrauda la verdad. Si Patxi López piensa que es él el que ha ganado, también. Es evidente que corresponde ahora al secretario general de los socialistas vascos liderar esa mayoría y PP y UPyD deben respetarlo con la generosidad adecuada. Pero, como el sistema es parlamentario y el Partido Socialista no es el más votado, la referencia a estar "legitimado" para ser lehendakari no puede estar fundamentada en los escaños del PSOE ni en sus votos, sino en la negociación de una mayoría con los dos partidos citados, aunque sea en distinta medida, para dar origen a un proyecto parlamentario compartido y estable. Si esa mayoría considera que sólo los socialistas formen parte del nuevo Gobierno estará muy bien, pero no tiene sentido imponerlo sobre la base de una falsa legitimación para evitar, oh palabreja, el frente. O la sensación de frente que pudiera ofender a los nacionalistas.

Si esa mayoría quiere poner en práctica un País Vasco de ciudadanos, de todos los ciudadanos, nunca será un frente, sino un acuerdo democrático y saludable. Si lo que se pretende es desalojar inopinadamente a los nacionalistas y luego ya veremos, reconozcamos que, entonces, sí se parece paradójicamente a un frente. Aunque sea de corto alcance.

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