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Editor: Carlos E. Rodríguez - Director: Armando Huerta
26/02/2009
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Demasiados árboles para tan poco bosque

Lorenzo Contreras

Los acontecimientos de la vida política se superponen a tal velocidad y con tal abundancia que cualquiera puede recordar el conocido dicho de que los árboles no dejan ver el bosque, en este caso el raquítico bosque nacional. El 'caso Bermejo', por ejemplo, aparece ya tapado o en vías de eclipse por el creciente 'caso Garzón', la nueva pieza de escándalo que se ofrece a la voracidad ofensivo-defensiva de los contendientes. La situación preelectoral de Galicia rivaliza con la del País Vasco y ya no se sabe a qué frente atender en el plano del interés prioritario. El nombramiento del nuevo ministro de Justicia se mezcla con el trato de favor presupuestario que Cataluña va a recibir, y lo primero que se recuerda no es ya la crisis de la Justicia sino la circunstancia de que Caamaño, en la etapa previa a su nuevo cargo, favoreció determinados aspectos polémicos del Estatut. El Consejo General del Poder Judicial ampara de pronto al denostado Baltasar Garzón y pide para él grandes dosis de árnica mientras el PP le plantea querella ante la Sala Segunda del Supremo por supuesta prevaricación en la mantenida instrucción del 'caso Gürtel', la trama de los sobornos "populares" con aforados incluidos.

Mientras tanto, en Euskadi, ahora Euskal Herria, antes País Vasco y mucho antes Vascongadas, ETA le dice al lehendakari que para kanpora él mismo, y atenta contra la sede del PSE en Lazkao, antes Lazcano, recibiendo como réplica el "ojo por ojo" de un perjudicado en su vivienda, que destroza a mazazos una herriko taberna. Por supuesto, pierde el autor de su desquite.

En esta línea de conflictividad, la delincuencia contra menores y la llamada "de género" repercute contra los muros de la Moncloa y actualiza la necesidad de una reforma endurecida de la legislación penal y penitenciaria. Que si quieres arroz, Catalina, viene a ser la respuesta zapaterista.

Pero he aquí que mejoran las relaciones de España con Estados Unidos al precio de "absorber" en nuestro territorio presos de Guantánamo, la otra cara de la gran avenencia diplomática, con su vertiente militar en Afganistán y con todas sus insospechables consecuencias.

La economía nacional en caída libre no da tregua, pero los españoles -muchos o algunos bastantes- experimentan la emoción futbolera. Todo un consuelo evasivo para desocupados mentales y de los otros también, tal vez. Frente a estas fuertes emociones, una incógnita sigue erguida en el inmediato horizonte: las elecciones autonómicas del 1 de marzo. Ya queda menos. En Galicia, la franquicia del PSOE llamada PSdG podría entenderse más que nunca con el BNG de un Anxo Quintana cada día menos radicalizado, según algunas estimaciones, lo cual podría significar cierta reducción del galleguismo lingüístico y del otro.

En Euskadi, perdón Euskal Herria, la utopía de una derrota del PNV se debilita según determinados intérpretes. Otros piensan que es posible mantenerla. Los nacionalistas de Urkullu, cada vez menos "devotos" de Ibarretxe, difícilmente dejarán de ser, en el peor de los casos para ellos, los árbitros de la situación. ¿Alguien se fía de las virtudes taumatúrgicas de un Felipe González convertido en agente electoral de Patxi López?

Lo que suena al fondo es lo de siempre: ETA modulará su ofensiva, haciendo, según casi todas las previsiones, que la ilegalizada D3M asalte las urnas por las malas en una estrategia de la confusión. Pronósticos inciertos. Dramatismo seguro.

Zapatero, con la sonrisa cada vez más helada y las cejas cada día más circunflejas, piensa en el más allá: el más allá del 1 de marzo, en cuya etapa nos obsequiará seguramente con un revolutum de cambios ministeriales. Se cree que Maleni Álvarez, tras su escapada siberiana, no hallará ocasión política de darle a sus nevadas experiencias un rendimiento práctico.

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