Italia y Francia acaban de pactar una alianza energética para la producción de electricidad, en cuya virtud, y entre otras cosas relevantes, Francia suministrará cuatro centrales nucleares a los italianos, que regresan de su veto a la energía de fisión y se encuentran desde aquello con unos costes de los más elevados de Europa por su nivel de dependencia del petróleo.
España, que acaba de entregar finalmente Endesa al Estado italiano por torpe voluntad del actual Gobierno socialista -digno sucesor del parón nuclear ejecutado por el felipismo-, se queda por los andenes del desconcierto viendo cómo parte ese tren del cambio energético, tras de la hecatombe mundial sobrevenida en el contexto de la economía de oferta. Un tren que, por las Europas, corre en paralelo con los viajes emprendidos de británicos, suecos -que vienen también de la renuencia ante la energía nuclear- y con el de los finlandeses.
El Gobierno de Rodríguez puede que incluso haya sacado el pañuelo en señal de despedida, haciendo coro así a la sonrisa vacía del presidente. Pero no ha hecho otro tanto la España de las empresas, pues en el proyecto nuclear británico participa centralmente Iberdrola, que pese a su apuesta doméstica por las renovables, tiene su propio parque nuclear y su propia tecnología que exportar, en este caso al Reino Unido. También la industria española de bienes de equipo, obligada por razones de contexto macroeconómico nacional, a crear puestos de trabajo más allá de nuestras fronteras.
La respuesta nuclear a la crisis económica que enfrentamos ahora, con el relanzamiento de la energía de fisión, no sólo en Europa sino en todo el mundo, no quiere decir, obviamente, que el único origen de este desastre sea el petróleo, como ocurrió con las crisis de los años 70 del pasado siglo. Aquellas fueron desatadas por los precios del petróleo tras de la guerra del Ramadán, en el otoño de 1973, al esgrimir los árabes de la OPEP el oro negro como represalia contra Occidente -que una vez más, desde siempre y para siempre había apoyado a Israel-. Pero aquellas fueron también situaciones que llevaron al recurso de la energía nuclear. Los embargos de los suministros de crudo, traducidos en caída de oferta, trajeron una fortísima elevación de los precios de los carburantes.
No en el plazo inmediato, pero sí a tiempo, la alternativa de la energía de fisión, el kilovatio barato, dio el empuje suficiente para poner las cosas en su sitio. El precio del barril rodó hacia abajo y, poco a poco, se salió del tremedal de la estanflación, de la combinación explosiva de la inflación con el estancamiento. Aquella marejada se llevó por delante muchas cosas, entre ellas el modelo de economía de demanda. No sabemos qué dejará en pie esta de ahora, aunque sí, ahora como entonces, la constancia del valor de las nucleares, de la energía barata y limpia, para salir del abismal atolladero actual.
Nuestra instalación en esta crisis, es desoladora. El Gobierno no sólo ha abandonado Endesa, sino la opción de integrarnos en el eurobloque nuclear del suroeste. Vamos con Rodríguez de la inmovilidad al retroceso. Tendremos más crisis que los demás.