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26/02/2009
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ECONOMÍA EN PERSPECTIVA

China en la crisis (y II). Afrontando tiempos más difíciles

Ramón Tamames

En el primer artículo de esta miniserie de dos sobre China en la crisis ya vimos lo que fueron los 30 años de vacas gordas desde que se iniciaron las cuatro modernizaciones (Agricultura, Industria, Nuevas Tecnologías y Defensa) de Deng Xiao Ping en 1978. Ahora, en el segundo y último artículo, veremos por qué y cómo China está afrontando tiempos más difíciles por el cambio de ciclo, con una fuerte ralentización de su crecimiento.

Esa caída de expansión del PIB de la República Popular, ha incidido en la evolución de los precios mundiales de crudo (desde 145 dólares/barril en junio del 2008 a 40 en diciembre), y también de materias primas como cobre, estaño, zinc, aluminio, o incluso uranio. Recortes, todos ellos, que están ralentizando el crecimiento económico a escala planetaria. En ese sentido, se prevé que el crecimiento caerá del 11,5 por ciento al comienzo del 2008, hasta situarse en el 8 por ciento en el 2009 e incluso en menos, el 6.

Esas tasas de crecimiento entre el 8 y 6 por ciento son inalcanzables para la mayoría de las naciones desarrolladas del planeta, pero en China no significan que todo vaya a seguir floreciendo. Habrá dificultades crecientes para dar trabajo a los siete millones de chinos que por expansión vegetativa llegan a la edad de trabajar, y que en gran parte se trasladan a las ciudades industriales desde las zonas rurales, en busca de mejores empleos. Como igualmente, puede haber tres millones de cesantes de empresas estatales ineficientes y microempresas que irán al paro. Definitivamente crear 10 millones de puestos de trabajo en tiempos tan turbulentos, sería toda una proeza.

En cualquier caso China no está dispuesta a dejarse sorprender por los efectos de la crisis. De modo que para evitar el deterioro de la situación, las autoridades de Pekín dieron en noviembre del 2008 un primer golpe de timón; consistente en estimular la demanda con un paquete de medidas fiscales, monetarias, crediticias, y de inversiones en infraestructuras. Por un monto de casi 600.000 millones de dólares, cifra que algunos analistas occidentales estiman insuficiente para reconducir la economía del coloso, en lo cual coincide el autor de estas líneas, sin que quepa duda de que ese primer guarismo será ampliado considerablemente.

Más concretamente, en el Foro Económico Mundial de Davos, en enero del 2009, el primer ministro, Wen Jiabao, manifestó:

Ya hemos adoptado un plan de estímulos fiscales por valor de 570.000 millones de dólares, que no es poco. La mitad se destinará a infraestructuras y la otra mitad, a protección social. Se van a transferir bonos convertibles en dinero entre los más pobres, para que gasten en lo que necesitan. Aparte de lo cual, los chinos ya nos hemos dado cuenta de que nuestro actual modelo de desarrollo económico no es sostenible.

Por lo demás, cabe decir que el caso de China, a pesar de las inmensidades de población, inversiones, etc., será menos difícil que el de EEUU por tres razones: sistema financiero mucho más controlado; gran reserva de divisas en la cota de los dos billones de dólares, y facilidades para sustituir el modelo de expansión basado en exportaciones por otro que preste mayor atención al consumo interno.

En definitiva, aunque a un ritmo menor, China seguirá en ascenso durante la crisis. Así se evidenció en la cumbre de Lima, que reunió a 21 países del foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, APEC, en noviembre del 2008. Y todo el mundo está convencido de que el progreso continuará, pues de otro modo, el PCC habría de enfrentarse al más profundo malestar social, con una gran proliferación de protestas populares.

Más aún, en el citado encuentro de Lima se apreció que mientras George W. Bush se limitaba a despedirse del resto de los líderes al finalizar su segundo y último mandato, el presidente Hu Jintao asumió, con prudencia, un claro liderazgo en la búsqueda de soluciones: "Dentro del alcance de sus capacidades -manifestó Hu-, la República Popular está haciendo esfuerzos importantes para abordar la crisis financiera. Y adoptará una actitud responsable para trabajar junto con la comunidad internacional; al objeto de fortalecer la cooperación y recuperar así la estabilidad de los mercados financieros, en busca de un nuevo orden internacional".

En resumen, China puede seguir en su senda para convertirse en primera potencia mundial por su PIB, continuando en su simbiosis comercial/financiera con EEUU. También veremos cómo en la Conferencia de Londres del G-20 del próximo 2 de abril la República Popular estará más activa que nunca.


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