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Editor: Carlos E. Rodríguez - Director: Armando Huerta
26/02/2009
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Vuelve la electricidad nuclear

Primo González

Italia se ha puesto en manos de Francia para corregir la anomalía energética que este país ha protagonizado en los últimos años en Europa, en donde ha sido uno de los abanderados, efectivos no sólo de palabra, del rechazo a la energía nuclear. Nadie mejor que Francia en Europa para jugar el papel de socio tutelar de un experimento tan complejo y delicado como es el del desembarco en esta polémica fuente de energía, que en los últimos dos años se ha visto revitalizada en Europa, con los planes en marcha de Inglaterra y de Finlandia, dos países en los que los planes de construcción de centrales nucleares cuentan con el beneplácito de amplios sectores de la población, en especial en Finlandia, uno de los abanderados mundiales del respecto al medio ambiente.

El Gobierno conservador de Berlusconi acaba de firmar un acuerdo con el Gobierno conservador de Sarkozy para impulsar la construcción de cuatro grupos nucleares en el más breve espacio de tiempo posible. Esto, en energía nuclear, es asunto de largo alcance, ya que las primeras centrales no estarán disponibles hasta dentro de 10 años. Es uno de los inconvenientes que tiene la energía nuclear, el largo periodo de construcción de una planta, que en España ha llegado a batir récords mundiales, con cerca de 20 años de dilación entre la puesta en marcha del proyecto y el vertido a la red eléctrica de los primeros kilovatios.

Francia cuenta en la actualidad con unas 60 centrales atómicas. En este país, la explotación comercial del átomo se ha convertido en un auténtico negocio, ya que exporta electricidad a media Europa (Alemania no funcionaría sin las centrales nucleares francesas y otro tanto se puede decir de algunos países de su entorno, incluso España, a donde llega a través del enlace de los Pirineos un buen flujo de energía eléctrica) además de prestar servicios de enriquecimiento de uranio y de asistencia técnica a otros países.

Lo más destacado de Francia como potencia en la industria nuclear es el hecho de que ha alcanzado una elevada competitividad gracias a los volúmenes de actividad industrial, ya que mientras algunos países tardaban una docena de años en construir una central, los franceses llegaron a fabricarlas en los años 70 y 80 casi como rosquillas, reduciendo los plazos de construcción hasta periodos inverosímiles y los costes hasta unos niveles altamente competitivos, mientras los Gobiernos del resto de Europa discutían con los ecologistas y los adversarios de esta energía limpia, que algunos sectores altamente politizados han convertido en bandera de sus reivindicaciones.

Gracias a su dedicación entusiasta a la energía nuclear (no interrumpida por los Gobiernos de izquierdas que han gobernado el país, sino todo lo contrario), Francia cuenta en estos momentos con reactores avanzados y con unas garantías de eficiencia y competitividad bastante superiores a las de los mejores países del mundo. Es posiblemente el número uno, por delante de las grandes multinacionales estadounidenses, incluida Westinghouse, líder mundial hasta el año 1979, cuando Estados Unidos paralizó la construcción de plantas nucleares a raíz del accidente de Harrisburg, en Pensilvania, en el que no hubo víctimas pero sí un reforzamiento de los controles de seguridad. Westinghouse, que no había construido aquella planta pero sí se tuvo que ocupar de arreglar el entuerto, es hoy filial de la japonesa Toshiba. Y en su nueva vida está cosechando los primeros contratos de construcción de las primeras centrales nucleares que se van a levantar en Estados Unidos desde hace 30 años.

El rechazo de Italia a la energía nuclear fue adoptado mediante referéndum hace poco más de 20 años. Entonces, bajo el síndrome de Chernobil, optó por clausurar las cuatro centrales existentes. Ni qué decir tiene que Italia es hoy uno de los países europeos más dependientes de los hidrocarburos, situación que convierte a su economía en altamente vulnerable, desde luego mucho más que España, en donde los 8 reactores nucleares tienen una importante contribución a la diversificación energética y por supuesto a la preservación del medio ambiente. Francia tiene un 70% de su electricidad de origen nuclear y no parece arrepentida de su estrategia de impulso de lo nuclear, hasta el punto de haberla convertido en un boyante negocio que ahora se refuerza con la participación en el programa italiano de retorno al átomo. Es una corriente que sigue ganando adeptos en Europa. Acaba de sumar uno más y de los más recalcitrantes.


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