U pisci fete ra testa
("El pescado comienza a oler mal por la cabeza"), dice un antiguo y sabio aforismo popular siciliano, como demostración que en la bendita isla que, con Siracusa, Agrigento, Catania..., fuera uno de los focos más esplendentes de la civilización griega, la relación entre el pueblo y las instituciones que le representan no ha tenido, por decirlo de algún modo, fuertes lazos de confianza. Ni cuando ese pueblo, en vida, goza de buena salud, ni cuando a los componentes de ese pueblo, según parece, les llega el momento supremo de la muerte. Porque vivir, y más con la crisis actual de la economía, es ya caro, pero tampoco es una ganga, por lo menos en Sicilia, echar las cuentas a la hora de morir.
Y para paliar la carestía de los largos días de la vida y los instantes fugaces de la muerte, nada mejor que institucionalizar, para hacerles perennes, de por vida y de por muerte, una serie de privilegios, entre los que destaca, de manera tan insólita como especial, el de hacerse pagar los gastos del funeral por la Región (la Región siciliana equivaldría, poco más o menos, a lo que en España es una Autonomía), es decir, en último análisis, gastos desembolsados, en formas de impuestos varios, por la colectividad nacional.
En vista de lo cual la "Administración", denominación abstracta en lo probable, pero muy concreta en lo posible, ha decidido "ayudar" a las familias en los gastos derivados de las honras fúnebres de sus queridos difuntos. A cinco mil euros por núcleo familiar. No a todas las familias, claro está, porque ello llevaría a la bancarrota de la entera nación italiana, sino a los parlamentarios de la Asamblea Regional de Sicilia. Pero no sólo a los que aún ostentan ese precioso y ambicionado cargo público, sino a todos aquellos otros que les han precedido en la fatigosa tarea de ser los representantes del pueblo. Perder el empleo, y sobre todo para un político, es un accidente de aquellos que marcan toda una vida y echan por la ventana carrera y prebendas. Pero no por ello, como generosamente ha pensado la Administración, le priva del derecho a una compensación en su último viaje.
El "descubrimiento" de este dispendioso reparto de beneficios lo acaba de hacer, tan sólo unos cuantos días atrás, Francesco Cascio, que estrena el cargo de presidente de la Asamblea siciliana en nombre del Pueblo de la Libertad, el partido de Berlusconi, y que, con ingenua voluntad, trata de poner un poco de orden en las cuentas de sus ilustres diputados. Y así, por ejemplo, se ha dado cuenta que sólo en el año 2007, los gastos por funerales pagados a las familias del querido difunto ascendían a 36.151 euros. Exageradamente sorprendente han exclamado, pero suprimirlo sería poco aconsejable, si no peligroso. A lo más que podría llegar el neopresidente es a conseguir alguna rebajilla, considerando que en Palermo el precio de un digno funeral no llega a 2.000 euros y teniendo, además, en cuenta que este subsidio al luto es un privilegio, al menos, "anormal".
Parece comprensible que los diputados del Parlamento más antiguo de Europa, así se catalogan sus señorías palermitanas, debido a su alto rango, tendrían el sacrosanto derecho a que se les rindieran las más solemnes honras fúnebres, y que las familias del difunto pudieran sacar algún beneficio económico, pero un poco menos vistoso. Aunque nada pueda, ni de lejos, compensar el dolor del último adiós. "Nosotros, parlamentarios -ha comentado un miembro de la Asamblea siciliana-, pensamos mucho en nuestro futuro, incluyendo lo que vendrá después del último día. La prudencia nunca será excesiva".
Resta, a pesar de todo, el hecho incomprensible de estos pequeños beneficios de los que un día gozarán los noventa diputados sicilianos, y todos aquellos que les han precedido en el cargo, "futuros queridos difuntos", porque, en vida, los miembros de la Asamblea de la Región siciliana resultan ser los representantes del pueblo mejor pagados de toda Europa. Entre el neto de su derecho a la retribución fija, dietas, viajes (por tierra, mar y aire), correspondencia y bicocas varias -la mayoría no deben, ni siquiera, ser justificadas-, se meten en sus ilustres bolsillos unos 20.000 euros netos, mal contados, cada mes del año, al que habría que añadir la extraordinarria de diciembre. No está nada mal si se compara con los senadores de la rica Finlandia, cuya retribución mensual es de 11.000 euros.
Hasta hace muy poco tiempo se pagaban también las vacaciones, fueran donde fueran, en territorio nacional o en el Caribe o en paraísos tropicales de la Polinesia, Melanesia o Micronesia. En realidad se les siguen pagando, basta justificar que un diputado es llamado por una comunidad siciliana en el extranjero, y los sicilianos, ya se sabe, están expandidos en los lugares más insólitos de los cinco continentes, para dar una "conferencia" y allá van, pagados por la comunidad "para hacer patria".
No terminan aquí los privilegios de estos abnegados servidores del pueblo. Porque resulta que los diputaos sicilianos pueden conseguir hipotecas de sus bancos para comprarse una casa, !qué en algún sitio tienen que vivir!, con un interés máximo del 2% exento de cualquier tasa. El resto del interés, fijado por el Banco de Italia y por la normativa europea, correrá a cargo de la comunidad, que para eso ha elegido a sus representantes. Al igual que, lo mismo en Sicilia que en el Parlamento nacional, en Roma, senadores y diputados pueden almorzar, espléndidamente, en los comedores del Senado y Cámara de Diputados, dos platos, ensaladas y verduras varias, vino, agua mineral, postres y café por un precio que varia de 3 a 5 euros, según el menú elegido. Todo ello servido por camareros especialmente solícitos y educados. El resto, el precio "auténtico" del menú, corre a cargo de los gastos generales del Parlamento, que es como decir que quien, realmente lo paga, es el ciudadano que no pertenezca a a la exclusiva "casta" política.
Porque, en una buena tajada, los impuestos están destinados a satisfacer su voraz e insaciable instinto de conservación.
Supongo que en España, mi país, sucede algo parecido. Pero lo más cabreante, al menos en mi caso, es que, tanto allí como aquí y merced a estos regímenes democráticos de coña y de carcajada de que gozamos, mejor dicho sufrimos, donde el ciudadano se ha convertido en súbdito, yo tengo que apoquinar -por ser ciudadano español y residente en Roma-, doble imposición. O sea, lo mismo pagar los funerales del "querido difunto" parlamentario siciliano, que los gastos exorbitantes de la Moncloa, autonomías (que no declarándose españolas no tendrían por qué estar subvencionadas por un español como yo), o los centenares de inútiles "consejeros" del Presidente de Gobierno y las vacaciones, con su corte, en Doñana, Patrimonio Nacional y no finca exclusiva de zapateril uso, viajes en India de la vicepresidenta, aviones del ejército para los viajes de Maleni, a 50.000 euros cada despegue o despachos de diseño pa la cosa de igualdades de la "miembra" Bibí... !Qué ya está bien!, digo yo !Qué la crisis habría que soportarla entre todos! !Qué el despilfarro y la corrupción de la "casta" política es un vergonzoso insulto arrojado a la cara de la ciudadanía!
U pisci fete ra testa
("El pescado comienza a oler mal por la cabeza"). Es hora de decir: !!!Bastaaaaa...!!!