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Editor: Carlos E. Rodríguez - Director: Armando Huerta
17/02/2009
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EL MANANTIAL DE LAS ESTRELLAS

Zapatero quiere destruir el PP

Pablo Sebastián

Si ha sido indecente y sospechosa la coincidencia del juez Garzón y del ministro Bermejo en la cacería del fin de semana en el que se fraguó el inicio de las pesquisas judiciales sobre la trama de corrupción de Francisco Correa, donde se han visto implicados cargos públicos y dirigentes del PP, tampoco parece democrática y políticamente presentable la declaración del presidente Zapatero en La Coruña, regodeándose en los problemas del primer partido de la oposición y afirmando que Rajoy tiene tras de sí otros líderes dispuestos a sucederle. A sabiendas, probablemente, Zapatero del sumario que desconoce Rajoy, y que en el PP esperan tiritando y temerosos de la lista definitiva de imputados, donde podrían aparecer altos cargos del PP de Valencia y de Madrid, de ahí que Cospedal haya comenzado a incoar los pertinentes expedientes que tanto indignan a Aguirre y preocupan a Camps.

La intromisión -con información secreta, imaginamos- de Zapatero en esta crisis del PP es un indigno golpe bajo, impropio de quien debe actuar como el presidente de todos los españoles, y no sólo como el jefe del PSOE en una campaña electoral. Porque el cargo institucional que ostenta le obliga no sólo a respetar a sus adversarios sino especialmente al primer partido de la oposición, al que, por lo que se ha visto y oído en los últimos días, el jefe del Gobierno y del PSOE lo quieren destruir para que no exista alternativa a su desastrosa gestión de la crisis económica y del paro, y para que nadie en la vida pública controle la acción del Gobierno que preside.

Y si bien es cierto que Rajoy tiene problemas de liderazgo y en su partido, y que en el PP existen otros dirigentes capaces de tomar el relevo, ese no es un asunto de la incumbencia del presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero. El que, por cierto, no tiene a nadie en el PSOE que pudiera relevarle a él porque él mismo se ha encargado de dinamitar a sus posibles adversarios internos en el Partido Socialista, descapitalizando de dirigentes su formación política para que él, Zapatero, sea el único y el imprescindible.

De esa manera Zapatero se convierte en el problema y la presunta solución. Aunque esta vez su temerario juego de bombero pirómano no le funcionará porque el incendio del paro y de la crisis económica es de tal dimensión que no podrá ser reconducido, como otros grandes errores de un presidente que se puso la nación española por montera, y jugó con la cohesión y con la unidad de España, como se vio con el Estatuto catalán que hubo que rectificar y aún está pendiente de un nuevo repaso en el Tribunal Constitucional, y con el que Zapatero pretendió una reforma encubierta de la Constitución para convertir nuestro país en una nación federal o confederal.

Como tuvo Zapatero que rectificar su peligrosa negociación política con ETA, su negativa al trasvase del Ebro, su política de papeles para todos los inmigrantes ilegales -ahora están a la caza policial de los "sin papeles"-, e incluso su empeño de desenterrar las tumbas de la guerra civil española, entre otras muchas de sus demenciales aventuras fallidas.

Y qué podemos decir de su rectificación sobre la inexistencia de la crisis de la economía con la que no sabe qué hacer, y que camina hacia los cuatro o los cinco millones de parados, momento en el que los españoles empezarán a valorar el desastre temerario que habita en el palacio de la Moncloa. Para ese momento Zapatero quiere ver sumido en una dramática crisis al PP, al tiempo que sabe que nadie en el PSOE está en condiciones de hacerle frente, porque no hay nadie en el PSOE: ¿acaso José Blanco o Leire Pajín?

Es verdad que en el Partido Popular hay muchos problemas y que, una vez que pasen estos días de campañas electorales, Rajoy deberá reflexionar y tomar las más severas medidas y decisiones oportunas para recomponer la situación y ofrecer, a sus bases en particular y a los españoles en general, un liderazgo contundente, poderoso y con capacidad de relanzar al primer partido de la oposición. Y alguien en el PSOE debería comenzar a estudiar la necesidad de un posible relevo para Zapatero, quien, como Atila, no deja en pie nada ni a nadie que encuentre en su incierta y demencial cabalgada.

Ahora le ha tocado el turno al intento de destrucción del PP y se vanagloria de ello en un mitin electoral, con el mismo descaro con el que se presenta disfrazado de enemigo número uno del despido libre, y lo hace con gestos de izquierdista/populista, cuando él tiene una gran responsabilidad en los cerca de 6.000 despidos, o pérdidas de empleo, diarios que se producen en España. Sin lugar a duda el mayor y más dramático problema de este país, que Zapatero se niega a reconocer como tal anunciando que la salida del túnel de la crisis está al llegar, y lanzándose en tromba para destruir al PP, provocando un gran escándalo con el que piensa distraer, en estos días electorales, a los votantes gallegos y vascos y a los españoles en general.

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