El notario valenciano Ferrer Sapiña publicó un libro en el que aventuraba las desventuras de la transformación de los clubes deportivos en sociedades anónimas. Aquella ley, tuvo, además, la incongruencia de que cuatro entidades, Real Madrid, Fútbol Club Barcelona, Osasuna y Athletic Club de Bilbao continuaran siendo clubes deportivos. Con ello se estableció la anomalía de que en la misma competición participaran entidades de distinta catalogación societaria.
Han transcurrido los años y la idea de la transformación ha sido auténtico fracaso. En las sociedades anónimas no se han pedido responsabilidades a los gestores, ni en los cuatro clubes se ha instado ninguna ejecución del aval como habría sido obligado de aplicar la ley.
Los clubes de fútbol de Primera, Segunda y Segunda B, debían a Hacienda, el 31 de octubre del 2008, 627.266.721 euros. A la Seguridad Social le adeudaban 4,9 millones más.
En estas cuentas no están contabilizadas las partidas que, a simple vista, son superiores a las constatadas. El agujero negro del fútbol no está a disposición de nadie porque las contabilidades siguen siendo materia sensible convertida en arcano.
Los clubes tienen cuentas pendientes con hoteles, agencias de viaje y hasta empresas que proporcionan los canapés y el güisqui del descanso. Lo peor, sin embargo, está en las cuentas con las entidades financieras.
Es notorio que el Valencia Club de Fútbol, que triplicó la deuda con la gestión de Juan Soler, debe a Bancaixa 240 millones de euros. La entidad bancaria no le ha proporcionado un euro más como pretendía Vicente Soriano, actual presidente. Ni club ni Bancaixa respiran profundamente en estos momentos.
El Barça, para salir del bache de Joan Gaspart, recibió un generoso crédito blando de La Caixa que aún debe estar pagando. El Real Madrid vendió la Ciudad Deportiva para pagar deudas y tener dinero en caja y se sospecha que ya no lo tiene.