Presidente Consejo Editorial: Germán Yanke
Editor: Carlos E. Rodríguez - Director: Armando Huerta
06/02/2009
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EL MANANTIAL DE LAS ESTRELLAS

Bertone y Botín

Pablo Sebastián

El Gobierno de Zapatero y el PSOE -que ya no son lo mismo- se debaten entre abrir un nuevo frente laicista radical y echar a los leones del paro a los banqueros, o si templar gaitas con el Vaticano y los primeros banqueros del país. Todo dependerá de la velocidad que adquieran las cifras del paro y de la posible revuelta social y ciudadana frente a un presidente que negó la crisis y un Gobierno abrasado por su incompetencia e incapacidad, al que el presidente mantiene en pie como si de "zombies" se tratara, convencido el presidente de que son el mejor parapeto para que nadie lo señale a él.

La banca y el Vaticano son dos poderes fácticos en muchas sociedades, y en la España presuntamente aconfesional de especial una manera, porque la Iglesia sigue manteniendo en nuestro país privilegios de los que no disfruta en otras naciones de nuestro entorno europeo y con las que Roma mantiene una exquisita relación, y sin las estridencias que en España protagonizan, por ejemplo, la Conferencia Episcopal y su emisora la COPE. ¿Se imagina alguien unos comportamientos similares en Francia?

De entrada, lo que nadie podría imaginar es el empalagoso recibimiento con el que el Gobierno ha agasajado al secretario de Estado del Vaticano, cardenal Bertone, en Madrid, con un protocolo propio de un jefe de Estado y un largo paseo por los principales palacios de Madrid, Santa Cruz, Moncloa y Zarzuela, para que al final cada una de las partes ahora enfrentadas se mantengan en sus posiciones de partida, en la reforma de la ley del aborto, la enseñanza religiosa y la educación para la ciudadanía. Pero sin que el Gobierno se atreva a ir más allá en eutanasia o financiación de la Iglesia. Lo que no ha impedido que Bertone, en su despedida, marcara con claridad sus diferencias y sus advertencias al Gobierno español.

La cuestión de fondo que subyace en este encuentro, o extraño empate disfrazado de extraordinaria cortesía, es la siguiente: ¿se lanzará contra el Gobierno la Conferencia Episcopal, con motivo de la crisis económica y las gigantescas cifras del paro? Ésa es la cuestión que teme el Gobierno, que se le abra un frente "económico/político/confesional", y es lo que pretenden evitar, para que la Conferencia Episcopal, que preside el ultraconservador Rouco, no vuelva a inundar las calles, como en la anterior legislatura, entre el vocerío demencial de su emisora la COPE. El mensaje del Gobierno al cardenal Bertone puede que haya sido tan sutil como claro: si la Iglesia se mete en este jardín, el Gobierno entrará en el jardín del laicismo con todas sus consecuencias. A sabiendas el Ejecutivo de que esa "carnaza" tiene en la izquierda española gran aceptación y capacidad de distracción.

El pulso del Gobierno con los banqueros es distinto, porque pertenece a los terrenos del César, pero también podría formar parte del espectáculo con el que algunos piensan entretener a la "famélica legión" de los parados. Por el momento impera la cortesía, pero ya han estallado protestas del ministro de Industria, Sebastián, de la UGT o de barones periféricos del PSOE como el de Extremadura, culpando a la banca de la crisis económica y de no querer dar más créditos. Los buenos de la película negra del PSOE son, por ahora, Solbes y Blanco, pero Zapatero calla y da la razón a las dos partes, no vaya a ser que necesite el espectáculo para salvarse y mantenerse en el poder.

Ayer el presidente del Banco Santander, Emilio Botín, no pudo ser más claro. Dijo que es "imposible" aumentar el crédito, porque ello pondría en riesgo al sistema financiero si esos créditos de más no van acompañados de un crecimiento de la economía y de las suficientes garantías. Añadió Botín que su banco ofrece créditos y facilitará más a pequeñas empresas, y que también se han reducido las peticiones de créditos de manera sensible.

Aquí el fondo de la cuestión es más alambicado o sutil. Porque el garrote que el Gobierno enseña sobre las cabezas de los banqueros, amenazando con nacionalizaciones o entradas en su consejos de administración, no podrá ir contra los grandes bancos, BBVA, Santander o Popular, porque estas entidades no se han acogido a las ayudas estatales que han recibido los otros bancos más afectados y cajas de ahorro en dificultad. Y aunque ya se sabe que el Banco de España tiene instrumentos para presionar, si la banca más importante de España se mantiene firme en sus posiciones -y más unida, lo que no parece tan fácil-, entonces el Gobierno se verá en la disyuntiva de: o lanzar a los parados contra los banqueros; o de intervenir a los bancos que de verdad estén en apuros. En este último caso ello beneficiaría a los grandes bancos saneados, que se llevarán a la clientela de los demás.

Si Zapatero se lanza por la vía del populismo -"peronismo" decíamos días atrás- para tapar los errores y carencias de su Gobierno y presidencia, corre el riesgo de crear un problema mayor en España y fuera de España, como los que ya creó pinchando, por las bravas y sin alternativa, la burbuja de la construcción y del boom inmobiliario, metiendo la mano en el sector de la energía con sus fallidos "campeones nacionales", y puede que, ya puesto, esté pensando en hacer otro tanto con otros sectores: telecomunicaciones y banca.

Ya en su primera legislatura, Zapatero no tuvo empacho en dar patadas a algunas de las vigas maestras de la convivencia nacional, desenterrando la Guerra Civil, rompiendo la cohesión nacional y la solidaridad autonómica, y abriendo una negociación política con ETA. Y ahora, que se le ha caído encima la crisis económica que él negó, corremos el riesgo de que vuelva a las andadas causando nuevos y mayores destrozos, y aquí incluido el propio sistema financiero del que presumía en foros internacionales meses atrás. En las actuales y difíciles circunstancias, "topar" a la vez y con la misma y aviesa intención populista con la Iglesia y con la banca, además de un error, sería una temeridad.

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