"Por sus obras los conoceréis", y habrá que esperar pero el hecho de que la primera entrevista de televisión concedida por Obama haya sido a un canal árabe y que su primera llamada telefónica desde el Despacho Oval fuera, no al presidente de la Unión Europea, no al primer ministro de Japón o al secretario general de la ONU sino al presidente de la Autoridad Palestina, tiene algo de simbólico. La Administración de Obama se percata de que Gaza y el Próximo Oriente tienen que ser una prioridad clara.
Obama ha escogido la moderada Al Arabiya, una cadena que hace la competencia a la más radical Al Jazera. Ha dicho fundamentalmente que Estados Unidos se juegan mucho en el bienestar del mundo islámico, que hay que emplear un lenguaje respetuoso al hablar con el Islam y que el tiene miembros de su familia que son musulmanes. Ha vivido varios años en un país musulmán, Indonesia, que, por cierto, será de los primeros que visitará.
El nombramiento y rápido envío a la zona de Mitchell, un peso pesado de la negociación en Estados Unidos, artífice de los acuerdos de Irlanda y autor de un sólido informe sobre la corrupción en el deporte, también es saludado con optimismo. La gente de Obama, sin embargo, desliza que nadie espere un pronto resultado en el complejo asunto de Oriente Próximo.
Estos primeros pasos diplomáticos del nuevo presidente son aplaudidos en los medios de información estadounidenses. En el mundo árabe hay de todo, bastantes plácemes por la entrevista televisiva, debe haber satisfacción en la importante monarquía saudí, pero también escepticismo. Hay reproches por que el presidente no se refiriera al sufrimiento en Gaza y junto a comentaristas que manifiestan que confían en él, que creen que traerá cambios en la postura estadounidense y que terminan diciendo "no nos defraude", hay otros que sostienen que si el nuevo presidente no actúa con "decisión y rapidez" en la creación de un Estado palestino, entonces será como Bush. Aquí también resulta obvio, como acontece en Europa, que la percepción de Obama como un Mesías redentor está generalizada.
Por su parte, el presidente comprueba que los problemas no tienen una agenda fácilmente controlable. Afganistán será una prioridad pero el Próximo Oriente; su tratamiento, aunque no su solución, no puede pasar al lugar número veinte.