Nuevo presidente en USA, nueva política exterior. En principio esta realidad debería ser de obligado cumplimiento en la vida política de la gran potencia dado que, como dijo en su momento Ronald Reagan, Iberoamérica es -sigue siendo- el patio trasero de la gran potencia.
Con Bush, esta realidad pasó desapercibida pese a que lo que sucedía al sur de Río Grande debería preocupar al presidente y ocupar un espacio importante en las preocupaciones de los diversos secretarios de Estado de los últimos años.
Y, sin embargo Iberoamérica fue y sigue siendo una ilustre desconocida.
Hay quien teme que lo sucedido durante el mandato de Bush pueda ahora repetirse con Obama, que, al parecer, sólo conoce -y probablemente mal- la realidad del extenso y pobre vecino del sur, México.
Si hay una zona del mundo conturbada y en ascuas es sin duda el continente hispanohablante, pero hasta el momento Obama y sus colaboradores parecen no haberse dado cuenta de ello.
La propia Hillary Clinton parece coincidir con este desconocimiento que roza la ignorancia. Es dudoso que pueda seguir haciéndolo en el futuro inmediato donde los problemas de Brasil, Colombia, Argentina, etc., ocupan un espacio considerable en la realidad mundial.
Obviamente Obama ha tenido que ocuparse en primer lugar de aquellas zonas donde hay necesidades urgentes, como es el caso de Oriente Próximo, y en especial todo lo relacionado con el conflicto árabe-israelí. En eso está y no parece tener ni prisa ni urgencia por ocuparse de lo que sucede en aquellas tierras.
Reducir la problemática de Iberoamérica a las travesuras de Hugo Chávez o a las barbaridades de los guerrilleros colombianos es obviamente una forma de simplificar las realidades próximas e ineludibles. Finalmente, Hillary y su patrón deberán darle al subcontinente la importancia que tiene y tendrá. No lo han hecho por ahora pero inevitablemente tendrán que pensar en ello en los próximos meses.