Estas cosas debían quedar mejor en el Ágora de Atenas al aire libre, bajo la Acrópolis y con los ciudadanos llegando espontáneamente, entrando y saliendo en el recinto porticado donde se celebraban los debates políticos. La democracia sólo era posible, pensaba Aristóteles, si cada miembro de la polis conocía el carácter de los demás, y la polis correcta, arguyó Platón, es la que puede verse toda desde la cima de una montaña: el Licabeto en este caso.
La polis murió en el Renacimiento, atacada por el reciente creado Estado nacional: Francia y España, desde entonces la democracia se debe refugiar en casas-Parlamento porque en Inglaterra y Francia hace frío. Pero además, los diputados ya no pertenecen a una polis o ciudad-Estado sino que vienen de todo el país, que puede tener medio millón de kilómetros cuadrados y un diámetro de mil kilómetros. La democracia se concentra y encierra.
Así las cosas, la televisión nos ha devuelto la posibilidad de un debate bajo los focos del estudio donde los ciudadanos hablen al presidente Pericles de turno y el resto del país, aunque sean cuarenta millones de ciudadanos, puedan verlo. Esto último es lo fundamental. La TV permite la democracia de los grandes números, y siendo ello así, ¿por qué no la usamos más y junto con el internet, votamos todos más a menudo y sobre más cuestiones que la única elección de diputados?
Zapatero dio la cara ante el malestar ciudadano causado por la crisis y lo hizo por el medio más democrático posible: dejándose preguntar por una serie de ciudadanos elegidos no sé cómo, pero parecía una muestra significativa, dado lo reducido del tiempo. Dejando aparte que respondiese mejor o peor, yo creo que lo hizo bastante dignamente, lo relevante del tema es que se prestase a las preguntas y con ello montara un acto de democracia del mejor modo posible en las actuales circunstancias de tamaño de país y de desarrollo tecnológico.
Unos pensarán que estuvo mal, otros que bien, en este país solemos nacer socialistas o conservadores por un misterio del gen, de modo que las opiniones están formadas a priori. Pero lo que indiscutiblemente estuvo bien fue organizar este acto democrático, que sirve para asentar en España un sistema político que casi tuvimos en la Edad Media y se nos olvidó demasiado tiempo.