Estamos a la espera de que el Gobierno rompa el misterio -dijeron que lo harían cada cuatro meses- que envuelve la verdadera situación de bancos y cajas de ahorro cuando desvele quiénes y en qué condiciones asistieron a las subastas de ayudas financieras del Estado, a las que por cierto no han comparecido hasta el momento ni parece que lo vayan a hacer los dos grandes bancos nacionales, BBVA y Santander.
Y todo ello a pesar de que ambas entidades han sido invitadas, reiteradas veces, por las autoridades políticas y monetarias de este país a entrar en las subastas de ayudas, no sabemos bien si con buenas o aviesas intenciones. Porque ya está circulando el rumor de que el Gobierno -como se ha hecho en Gran Bretaña y Estados Unidos, entre otros países- pretende colocar a consejeros en entidades con dificultades o receptoras de ayudas públicas, con el argumento de garantizar la concesión de créditos a las empresas y las familias en apuros. Algo que en un principio negó Zapatero, pero que figura como posibilidad en el decreto aprobado por el Gobierno para ayudar a las entidades financieras españolas.
En todo caso, los inversores de la Bolsa española han premiado ayer los buenos resultados del 2008 que BBVA y Santander presentaron ayer ante los analistas, la opinión pública y sus accionistas, ambos con importantes beneficios en los tiempos que corren, y una vez saneados y provisionados los fallidos que, con motivo del estallido de la crisis financiera, causaron problemas, y en algunos casos la quiebra y el cierre de grandes entidades del máximo prestigio internacional, tanto en Estados Unidos como en el seno de la Unión Europea.
Los dos grandes bancos españoles han adoptado, en este tiempo difícil, dos medidas razonables como son, en el caso de BBVA, el pago de dividendos con su autocartera y, en el de Santander, comprometiéndose a ayudar a sus clientes víctimas de la estafa de Madoff. Y sus resultados del 2008 prueban que ambas entidades estaban bien aprovisionadas y bien preparadas para cualquier imprevisto, incluso para pasar con muy buena nota el huracán financiero en el que otros han sucumbido.
Cada banco, desde luego, con su propio estilo. BBVA con la prudencia como bandera, y Santander manteniendo un equilibrio entre moderación y su cierta agresividad -compra de activos de otras entidades en plena crisis-, lo que le ha llevado a realizar una reciente ampliación de capital. Pero los dos dispuestos a abordar con moderado optimismo esta nueva travesía del 2009, ahora que ya estamos en plena recesión española.
Estamos a la espera de otros resultados de la banca y cajas españolas, de los índices de liquidez y morosidad y de las calificaciones que llegarán a este país por parte de los analistas y agencias de calificación -estas últimas bajo sospecha- en las próximas semanas. Así como del informe público que el Gobierno debe hacer en el Parlamento sobre la listas y el volumen de los activos que han sido solicitados por bancos y cajas, para darnos una idea de la salud general del sistema financiero español. Aunque, para empezar, los datos ofrecidos ayer por BBVA y Santander son importantes para ofrecer a los inversores e impositores de ambas entidades confianza y tranquilidad.