No habían pasado diez días de tregua condicional cuando ya las armas han vuelto a tomar la palabra en Gaza.
La muerte de un soldado israelí que tripulaba un carro de combate -filmado todo ello por los dirigentes de Hamas- y la respuesta instantánea de la aviación del Estado hebreo con varias víctimas en el campo palestino parecen haber tirado por tierra todas las esperanzas de una tregua a largo o mediano plazo mientras los dirigentes de los dos bandos negocian en Egipto precisamente esta tregua, al parecer, imposible.
Las negociaciones en las que Egipto y la Unión Europea desempeñaban un papel importante tienen ahora mala espina y peor futuro.
El problema está en que la paz actual es a tal punto condicional que cualquier incidente como el que acaba de producirse pone en peligro lo conseguido hasta ahora y que algunos tal vez un tanto ingenuos veían como una prueba de que Hamas y grupos afines estaban dispuestos a ciertas concesiones a cambio de una tregua condicionada.
Obviamente, los menos asombrados por este retorno a las hostilidades por parte de Hamas y sus guerrilleros son los servicios de inteligencia israelíes, que conocen bien el percal y jamás han confiado demasiado en la voluntad de los palestinos por establecer esa paz todavía imposible.
Nadie desea en la zona que se repita la guerra relámpago de hace unas semanas y que concluyó con la muerte de mas de mil palestinos y un centenar de israelíes. Pero estos deseos son en el momento actual imposibles de convertir en realidades.
Los dirigentes de Hamas, pese a la práctica destrucción de la ciudad y sus alrededores, no parecen dispuestos a hacer concesiones, la principal de ellas, impedir que las armas sigan hablando. Hay como un instinto de muerte que domina la política de este sector radical palestino.
En esas circunstancias, lograr que finalmente unos y otros hagan concesiones es ya una utopía. Ojalá los nuevos incidentes violentos en la frontera no barran las esperanzas despertadas en El Cairo durante la semana pasada. Hay razones más que suficientes para pensar que es difícil, por no decir imposible, conseguirlo.