Los ciudadanos viven atónitos entre la complacencia de Zapatero para con la crisis económica y sus mentiras y errores a la hora de negar la crisis y de adoptar las medidas apropiadas, y el monumental lío en el que se encuentra el Partido Popular por causa de la guerra de los espías, los dossiers y, ahora al descubierto, hasta las reuniones internas del presidente del PP, Mariano Rajoy, con sus principales colaboradores y dirigentes de la Comunidad de Madrid, sacando trapos sucios en la plaza pública y dinamitando a personas emblemáticas en la historia del PP, como el ex tesorero del partido durante muchos años, Álvaro Lapuerta, persona de edad y muy respetada dentro del Partido Popular, y que figura entre los recientemente espiados.
Que Zapatero salga vivo -según la encuesta amiga de Demoscopia- de su paso por el programa de TVE
Tengo una pregunta para usted
a pesar de la que está cayendo en este país -y no sólo agua- puede resultar un tanto asombroso y desde luego beneficioso para un Gobierno a la deriva y un presidente que tuvo la habilidad no de coger el toro por los cuernos, como presumen sus publicistas mediáticos, sino más bien de enfrentarse a un novillo. Porque la crisis y el paro no hicieron nada más que comenzar, y el novillo se convertirá en toro dentro de unos meses cuando se atisben los cuatro millones de parados, y entonces veremos al presidente escondido en el burladero.
En la otra orilla de la política el espectáculo es dantesco. No sólo se espían sino que se airean las reuniones internas de la presidencia del PP sobre las presuntas denuncias llegadas al partido, y se deja en la peor situación al mismísimo Mariano Rajoy, como se está dejando en el ridículo y en la vía muerta la investigación de la secretaria general, De Cospedal, sobre la crisis de los espías, sin que nadie tome una decisión.
Pero la guerra cainita no sólo discurre en este apartado sino que ya está a punto de llegar a los tribunales por estos escándalos y también por causa de la batalla de Caja Madrid, donde los hacedores de intrigas y agitadores del ventilador de la suciedad, con el que pretenden tapar sus responsabilidades, han decido hacer público el crédito que la caja madrileña ha dado a FAES (imaginamos que como a otras tantas entidades), la fundación que lidera José María Aznar, quien tiene motivos más que sobrados para entender que han ido a por él, para que no apoye a Blesa en esta guerra por el control de Caja Madrid.
Que Zapatero reciba un aprobado por su actuación en TVE, donde se olía a tongo -se dejaron sesenta de las cien preguntas fuera, y las cuarenta planteadas las seleccionó el presentador pro monclovita-, parece injusto, pero todavía se puede entender por el dominio que el presidente y su partido tienen de casi todos los medios audiovisuales de este país.
Pero lo que no entiende nadie es la pasividad de Rajoy ante el jaque mate que le están dando en sus narices -a él y a sus primeros colaboradores-, al tiempo que le están dinamitando el despegue de las campañas electorales del PP en Galicia y el País Vasco ante el estupor de sus candidatos, que ven en la crisis madrileña del PP la causa de muchos de sus males y también de su posible derrota.
¿A qué espera Rajoy para actuar? Las acusaciones del presidente del PP al presidente del Gobierno llamándole mentiroso por su intervención en el programa televisivo carecen del menor interés. Lo que tiene interés ha sido y es su silencio ante la revelación, con el mayor descaro y desparpajo, de las conversaciones que se celebraron en su despacho de presidente del PP, y ante el linchamiento público de una persona como Álvaro Lapuerta, al que se le acusa de algo tan malo como el de buscar juego limpio en el seno del PP, y a quien este partido debe tanto. Y puede que, incluso, una pública reparación por parte de sus históricos y actuales dirigentes. Porque lo que está ocurriendo en el PP, y lo que se espera en los próximos días, o provoca la actuación contundente de Rajoy, "pase lo que pase", como dijo el pasado domingo ante dirigentes y militantes del partido, o estaremos asistiendo a la sorprendente desintegración del PP.