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26 enero 2009

Número 3.764 Año X

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Indigenismo en Bolivia, neomarxismo hemisférico

José Javaloyes

La orquesta bolivariana sigue adelante con su repertorio constituyente. Ahora le toca a Evo Morales lo mismo que primero le correspondió a Hugo Chávez, que fracasó, y después al ecuatoriano Rafael Correa, que se salió con la suya. Cambiar las reglas de juego -de cualquier manera- es la primera condición y estratégica premisa para encajar después su compartido proyecto totalitario, según y conforme diseños y doctrinas de los Talleres de La Habana.

No hay noticias de momento sobre preparativos de una parigual iniciativa por parte del nefasto Daniel Ortega, nicaragüense que, por razón de su caudillaje en la revolución sandinista, echó tantos muertos sobre sus espaldas como versos puso el caudaloso Rubén Darío sobre el papel. De momento le basta a Ortega con la estolidez de la derecha nicaragüense para asegurarse el poder político y permanecer impasiblemente en la cumbre plutocrática de su país; cosa que debe tener su mérito en la escuálida Nicaragua, donde tan poco hay para rascar. El caso de Daniel Ortega es algo bien distinto al crecimiento patrimonial de los Kirchner en la Argentina ubérrima, donde por esta razón se nota menos el saqueo; salvo en las clases populares, preservadas en su condición de social de descamisados.

Este domingo se somete a referéndum en Bolivia la Constitución indigenista con la que Evo pretende desplazar del poder a la mayoría mestiza y blanca del país mediante el singular recurso de doblarle el voto a los indígenas. Es la sustitución del viejo principio democrático de "un hombre un voto" por la indigenista propuesta de dos sufragios para el votante en cuestión: uno por ser boliviano y el otro por indio, quechua o aymara.

En el caso de que tal cosa prosperara, cosa que no debiera suceder por la intrínseca perversión que representa, sobrevendría la segunda explotación de los amerindios. Si la primera fue económica, con escándalo para el Padre Las Casas, que proponía la traída de negros africanos para que hicieran el trabajo de los indios, sería política esta segunda explotación, porque los convertiría, a los indios, en tropa y salvaguardia de una dictadura totalitaria como fue la soviética. Allí el Partido "liberaba" al proletariado decidiendo por él qué le era más conveniente en todo orden de cuestiones.

Evo Morales, que es mestizo como tantísimos bolivianos, se apunta a la idea -castrista- de que los indios americanos representen el mismo papel que el marxismo atribuía al proletariado como fuerza histórica capaz de construir el socialismo. Y desde la indoctrinación recibida en Cuba cuando sólo era un sindicalista de los campesinos de la coca, intenta Morales, por la vía de un referéndum más impresentable aun que el organizado por Chávez en Venezuela, cambiar las reglas básicas, constitucionales, que ordenan las condiciones del juego político. Para calentar la jornada electoral, Morales ha metido mano, nacionalizándola, a una de las multinacionales de los hidrocarburos, luego de ser rechazado el precio que ofrecía por ella. Ha sido operación conforme el modelo aplicado en Argentina, para Aerolíneas, por Cristina F. de Kirchner. Tan guapa y tan sonriente ella en su encuentro cubano con Fidel Castro. Éste, por lo que se ha visto en la foto, pareció resucitar al verla.


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