"Mariano Rajoy está sentado sobre un barril de pólvora; la presidenta de la Comunidad Esperanza, Aguirre, tiene en sus manos el detonador; María Dolores de Cospedal, secretaria general del Partido, está intentando manejar el equipo de desactivación; Alberto Ruiz-Gallardón, el alcalde de Madrid, está al tanto de cuándo se puede producir la explosión; en la Comunidad muchos se han puesto chalecos de protección, que pueden servir de bien poco para el estallido que puede producirse, y desde distintos servicios de información se está cebando el explosivo para que la detonación produzca los mayores daños colaterales posibles."
De esta forma tan grafica, en un país tan tristemente acostumbrado a los coches-bomba y a las explosiones, describe un alto dirigente del PP la situación del partido, en los ámbitos nacional y autonómico, después de las sucesivas denuncias de espionaje dentro de la Comunidad de Madrid a partidarios de Mariano Rajoy (Alfredo Prada, ex consejero de Justicia; Manolo Cobo, vicealcalde y mano derecha de Gallardón; Álvaro Puerta, tesorero nacional del PP, y la diputada autonómica María del Carmen Rodríguez, amiga de Alfredo Prada), partidarios de Aguirre (Ignacio González, vicepresidente de la Comunidad), directores de Seguridad de la Comunidad, ex policías, ex guardias civiles y "seguratas" privados, en un interminable
totum revolutum
del que desde hace meses estaban puntualmente informando guardias civiles del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), pertenecientes al servicio operativo del antiguo Cesid (Centro Superior de Información para la Defensa).
Las denuncias publicadas por el periódico
El País
sobre la existencia de un equipo de investigación dependiente de la Consejería de Presidencia e Interior, en manos del secretario general del partido en la Comunidad, Francisco Granados, y la reproducción de determinados seguimientos que suponen una violación a la intimidad de las personas en vísperas del Congreso de Valencia donde fue elegido Rajoy como presidente nacional del partido sin que tuviese enfrente ninguna otra candidatura, no sólo ha producido una profunda crisis dentro del Gobierno de la Comunidad, sino que se ha convertido en un coche?bomba para el actual presidente del partido, cuyo liderazgo se sigue poniendo en duda, y cuya sucesión se disputan claramente Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón...
El empecinamiento de Esperanza Aguirre en negar todo, en poner la mano en el fuego por todo su equipo de Gobierno sin excepciones, de insistir una y otra vez que todo el escándalo "quedará en nada" y en amenazar al periódico
El País
de llevarlo a los Tribunales, como haría cualquier famosilla de nuestra televisión cuando se ve criticada en los programas de la "telebasura", en resistirse a abrir cualquier investigación interna, coloca a Rajoy en una posición insostenible.
Rajoy, después de muchas dudas y silencios, ha insistido en que se llegará hasta el final "caiga quien caiga", aunque él es consciente de que está sentado sobre un barril de pólvora que puede estallar por simpatía en cualquier momento.
Al margen de la actuación del fiscal jefe de Madrid y de los tribunales donde se pretenden solventar las correspondientes denuncias, es el propio Partido Popular el que tiene que aclarar el escándalo, el que tiene que informar a la opinión publica, y especialmente a sus diez millones de votantes, qué hay de verdad en el interminable culebrón que, según muchos especialistas en servicios de información, públicos y privados, no ha hecho más que comenzar.
"Están circulando dosieres de todo tipo -aseguran- y probablemente esto no ha hecho sino empezar. Los espiados lo han sido no sólo por parte de guardias civiles adscritos a la Comunidad de Madrid, sino por varios servicios y, también, empresas de seguridad descontentas de haber sido descabalgadas de contratos millonarios que creían tener asegurados."
No es verdad, como dice Esperanza Aguirre, que todo esto va a terminar en nada. Ahora tiene la palabra María Dolores de Cospedal, que va a recibir a dos de los espiados (Alfredo Prada y Manuel Cobo) y al alcalde Gallardón... No puede ni debe terminar en nada.
P.S.: Si es verdad, como parece, que este lunes pueden aparecer más informaciones sobre el escándalo que indican que el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, ha sido objeto de seguimientos al igual que Manuel Cobo, el vicealcalde, aumenta sensiblemente la metralla de la explosión retardada a menos que el servicio de desactivación de explosivos actúe con eficacia...