Al parecer, la decisión del gobierno del Uruguay (apoyada por los principales dirigentes políticos de la oposición) de vetar la candidatura del ex presidente argentino Néstor Kirchner a la secretaría general de la Unión de Naciones del Sur (Unasur), por su postura en el tema de los puentes cortados, ha devenido en un cambio radical del ex presidente, quien ahora sostiene que "nunca estuvimos de acuerdo con los cortes de ruta".
Ha olvidado, entre otras cosas, que el 5 de mayo de 2006, en el Corsódromo de Gualeguaychú, besó y levantó al aire un chaleco con la leyenda "Sí a la vida, no a las papeleras" y luego dijo que esa lucha contra la pastera Botnia era "una causa nacional". El gobierno argentino, por él presidido, llegó incluso a solicitar al Banco Mundial que no concediera su aporte al emprendimiento de Botnia, por 1.700 millones de dólares, para su instalación en Uruguay; el Banco hizo caso omiso a tal solicitud. Pidió, luego, que se detuvieran las obras de Botnia por noventa días para estudiar el medio ambiente. También se argumentó que la chimenea de Botnia, al otro lado del río Uruguay, afeaba la visión desde una pequeña playa argentina. Y de la contaminación de las aguas, ni hablemos. Y suma y sigue.
Esas actitudes dieron "licencia para actuar" a los piqueteros argentinos, los que se dedicaron al corte de rutas al Uruguay, una medida que parecía desterrada desde la Edad Media, sin importarles la libre circulación de las personas y los tratados del Mercosur, cuyas autoridades se expidieron en su momento, sin hallar eco. En forma violenta, y desde hace tres años, fueron cerrados los puentes, y el hecho naturalmente ha afectado al turismo uruguayo.
Pero este fin de semana, y de acuerdo a esta nueva posición del ex presidente Kirchner (quien al parecer sigue aspirando a aquella secretaría a la que le postulara el presidente ecuatoriano Correa), la situación ha cambiado: los piqueteros ambientalistas vieron cómo se ponía en marcha, por primera vez, un dispositivo de seguridad compuesto por efectivos de la Gendarmería, fuerzas de choque, policías provinciales y un helicóptero sobrevolando la zona, para permitir el libre transito por esa ruta 135 al Uruguay. La Gendarmería argentina lo hizo posible, sin uso alguno de la fuerza, en tanto procedía a filmar a los diezmados piqueteros.
En la ciudad argentina de Concordia, a esa hora, asambleas de ambientalistas convocadas por el intendente, manifestaron su rechazo al corte de rutas, luego de 25 meses de realizarlo, sin lograr que Botnia terminara sus obras y comenzara sus trabajos sin contamir el río.
En forma paralela a estos hechos, y bajo la presión de los mismos, se hizo público este fin de semana el estudio reservado que de manera conjunta realizaron el Instituto Nacional de Tecnología Ambiental de la Argentina y el Laboratorio Tecnológico del Uruguay. "Estudiamos el agua -dijo el portavoz- del río frente a Botnia y los resultados fueron los mismos que antes de la instalación de la pastera".
Está pendiente, aún, el fallo del Tribunal de La Haya, cuya primer dictamen fuera favorable al Uruguay, quien ahora seguramente utilizará, en el momento oportuno, los resultados de estos estudios conjuntos más los que permanentemente viene realizando en el río Uruguay, desde que la fábrica de celulosa inició se puso en marcha.
Los piqueteros ambientalistas argentinos pidieron Kirchner, dado que ahora no está (ni estuvo nunca, según sus dichos) a favor del corte de rutas, que les explique en qué quedó la "causa nacional" ambientalista que encabezó hace tres años, para ver qué hacen. Ahí, reina silencio. El presidente del Uruguay, Tabaré Vázquez, a su vez, comentó que el corte de rutas era un problema exclusivamente argentino. El intendente de Río Negro (donde Botnia tiene su planta) ha dicho que varios gobernadores argentinos le han hecho saber esta situación "no va más". Finalmente, el ministro del Interior argentino, Florencio Randazzo, ha hecho un llamado a "tener los tres puentes liberados próximamente". El panorama está cambiando totalmente.