El primer Roosevelt (Theodor), que era bastante belicista en una época belicista, dijo que conviene hablar bajo pero con una buena estaca en la mano, algo así como la letra con sangre entra. Es una técnica deplorable, desdeña la persuasión y la capacidad de convencer, pero no es nada inhabitual.
Los jueces españoles han amenazado con una huelga y han empezado a comprenderles y a escucharles. Es la lógica de los niños, si no les hacen caso... lloran, gritan, patalean. Y los padres agitados, los malos padres, los que no educan, les dan las chuches para que se callen.
Tras varias semanas de huelga de celo los pilotos de Iberia van a conseguir cerrar un convenio que venía aplazado desde hace años. No hay como tener una buena estaca, y de vez en cuando esgrimirla, para que te hagan caso. Los jueces, que se parecen algo a los pilotos, han sacado la estaca, han amenazado con parar los juzgados y hacer las esperas de las causas aún más largas, y las autoridades competentes, el Ministerio, el Consejo General e incluso los gobiernos autonómicos, que también tienen facultades en la materia, han concluido que las reivindicaciones de los jueces tienen fundamento y que pueden hacerles algún caso.
La pedagogía social que encierra esta estrategia de la "estaca" es deplorable; conduce a dividir el mundo en dos partes: la de los que disponen de estaca y la de los que carecen de semejante arma. Con estaca pones al otro en posición de negociar y otorgar, en caso contrario... ni caso.
Probablemente los jueces y los pilotos y, muchos más colectivos, tienen mucha razón en sus reivindicaciones, pero si no tienen estaca o no la exhiben van a tener que esperar.
Lo que está ocurriendo en la carrera judicial, entre esos 4.500 hombres y mujeres que son "poder intensivo del Estado", es revelador de una democracia inmadura y sin suficientes hervores. Los jueces vienen protagonizando demasiadas noticias y agitaciones que son impropias de su función. No puede ser sólo su responsabilidad, también la tienen los otros poderes del Estado que les afectan, el Ejecutivo que asigna recursos y el Legislativo que elabora las leyes.
Los jueces necesitan más y mejores recursos, más y mejores procedimientos, pero también actitudes más inteligentes y decorosas por su parte. No son ciudadanos normales, aunque tengan todos los derechos de serlo. Son ciudadanos con un excepcional poder delegado que significa garantizar la libertad y los derechos de los demás, hecho que no pueden olvidar ni en el despacho ni cuando salen de él.
Resulta que ahora todo es negociable. Pues negocien rápido y salgan de la escena del conflicto, están para resolver los conflictos, no para crearlos.