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20 enero 2009

Número 3.758 Año X

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Pendientes de Washington

José Oneto

Hoy media Humanidad estará pendiente de Washington y seguirán expectantes y emocionados la jura del cargo de presidente de Estados Unidos, el cuarenta y cuatro presidente, Barack Obama, el primer afroamericano que llega a la Casa Blanca después de una campaña electoral apasionante en la que ha vencido al republicano McCain y al poder demócrata establecido que encarnaba Hillary Clinton.

En medio de la mayor crisis económica que conoce el país desde la Gan Depresión del 29, con un país amenazado por el déficit público, el desempleo, la desconfianza en el sector financiero, los escándalos económicos propiciados por una Administración que no ha ejercido el menor control sobre los excesos del mercado; con dos guerras abiertas en Iraq y Afganistán; con un Oriente Próximo en llamas por la guerra desproporcionada desatada por Israel en la franja de Gaza, que ha vuelto a ocupar a sangre y fuego; con una ola de antiamericanismo desatada por el presidente saliente, George W. Bush, que se ha enfrentado con medio mundo árabe con una cruzada antiterrorista que ha creado más terroristas que nunca, que ha aislado a Estados Unidos de Europa y que ha hecho del unilateralismo su principal norma de conducta en política exterior, toma posesión de la Casa Blanca un político que ha vendido ilusiones y que ha movilizado a los sectores más jóvenes de una sociedad con el convencimiento de que las cosas se pueden cambiar.

Es verdad que la crisis económica ha sido un factor decisivo para el triunfo de Obama, pero también es verdad que la sociedad norteamericana ya estaba harta del imperio de los neocom, de esa derecha religiosa fanatizada que aprovechó los atentados del ll de septiembre como el gran argumento para convertir a Estados Unidos en símbolo del abuso e incluso de la violación de los más elementales derechos humanos con la tortura y la vergüenza de Guantánamo, y cuyo cierre se ha convertido en el primer reto que tendrá que afrontar el nuevo presidente.

Sin crisis económica, sin televisión y sin internet Obama no hubiera llegado a presidente venciendo al omnipotente racismo existente todavía en la sociedad norteamericana.

Son demasiadas las esperanzas y las ilusiones que medio mundo ha puesto en Obama como para que no se produzcan decepciones en sus primeros cien días de gobierno. De hecho, ya se han producido con determinados nombramientos dentro de su Gabinete, aunque hay que reconocer que ha tenido la suficiente inteligencia política y sentido de la realidad como para formar un gran Gobierno en el que ha incluido a republicanos y, sobre todo, a políticos experimentados que generan confianza en unos momentos de grave crisis de modelo económico, ya que la economía de mercado ha tenido que ser salvada por la inevitable intervención del Estado.

Un equipo de pesos pesados, según escribía hace unos días el ex secretario de Estado Henry Kissinger en The Washington Post. "A primera vista -escribe Kissinger- puede parecer que viola algunas máximas de la sabiduría convencional: que nombrar para el Gabinete a individuos autónomos, que por tanto son difíciles de despedir, circunscribe el control presidencial; que nombrar como asesor de seguridad nacional, secretario de Estado y secretario de Defensa a individuos con ideas políticas establecidas puede absorber las energías del presidente al tener que solucionar disputas entre asesores obstinados. Y para elegir a esta constelación el presidente electo ha tenido que tener valor y seguridad en sí mismo, cualidades ambas que son esenciales para hacer frente al desafio de imponer orden en un sistema internacional que se está fragmentando.

Obama se enfrenta a monumentales retos. "No subestimamos la enormidad de la tarea que tengo por delante", dijo el nuevo presidente después de su histórica elección en el mes de noviembre... Desde entonces, los problemas del país han empeorado y muchas situaciones se han complicado. Ahora, Obama se siente abrumado, particularmente cuando habla sobre la economía. "Estamos ante una emergencia", ha reconocido.

Con más del cincuenta por ciento del voto popular y casi tres cuartas partes de la población de acuerdo con el modo que ha llevado la transición de poderes durante estos dos meses, dicen sus colaboradores que puede parecer abrumado por lo que le espera pero que está sereno, tranquilo y nada atemorizado.


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