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20 enero 2009

Número 3.758 Año X

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Esperando a Obama

Germán Yanke

Ahora que Barack Obama va a tomar posesión parece que se ha convertido en una argucia fiar al nuevo presidente de Estados Unidos la solución de todos los problemas con los que deben enfrentarse los políticos europeos. Desconcertados ante la crisis económica, se colocan a la espera de los planes medianamente anunciados de la nueva Administración norteamericana. Preocupados por Oriente Próximo, se muestran pendientes de los planes y negociaciones de Hillary Clinton en la zona. Asustados ante los problemas de seguridad y la presencia de tropas en algunos puntos calientes del planeta, aseguran que estarán atentos a las decisiones de Washington. Etcétera.

Si algunos han querido presentar a Obama como una suerte de demiurgo, más allá de su importantísimo papel como presidente de Estados Unidos, ahora, incluso antes de que ocupe la Casa Blanca, lo convierten en disculpa de la inoperancia y, en Europa, en velo para disimular la falta de verdaderas políticas de la Unión. Obama, incluso si le van bien las cosas, no puede resolver los problemas económicos y los efectos de la crisis en cada país. Ya se dijo, cuando se iba a celebrar la reunión del G20 en Washington, que resultaba paradójico que la Unión Europea fuera allí a solicitar nuevas reglas de supervisión (que, por cierto, no es lo mismo que regulación) cuando en Europa no la teníamos ni éramos capaces de dotarnos de un concepto unitario de paraíso fiscal. Ahora, el presidente del BBVA ha pedido, con toda razón, un único regulador y un único supervisor para el mercado europeo. Con vinculación específica con el Banco Central Europeo, ha añadido Francisco González al Financial Times.

Los europeos, con un cierto aire de prepotencia, han vuelto a sus casas muy contentos de la cumbre sobre Oriente Próximo y con la convocatoria de reuniones en Bruselas entienden que complementan el trabajo que debe hacer Estados Unidos en la zona. Pero Estados Unidos, que necesita ayuda multilateral, tendrá una posición única respecto a las relaciones de Israel con los palestinos y de su propio país con otros agentes en el conflicto, como Irán y Siria, que para Europa queda lejana. El empeño de las distintas diplomacias nacionales, también la española, para presentarse ahora como agentes determinantes del alto el fuego después de haber dado un espectáculo lamentable cruzando diversas delegaciones con la legítimamente europea, encabezada este semestre por la República Checa. A nadie se le oculta que la toma de posesión de Obama está en el fondo del actual alto el fuego, pero eso no quita que se debe fraguar la política exterior común de la Unión en vez de la mistificación de la realidad.

Se podría seguir con otros muchos ejemplos. Si las políticas nacionales, y la común europea, se hacen sólo "esperando a Obama", ni tendremos soluciones ni voz propia. Y el nuevo presidente, sin duda, no podrá con todo.


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