Presidente Fundador: Pablo Sebastián - Editor: Germán Yanke _________ Director: Armando Huerta

14 enero 2009

Número 3.752 Año X

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Malas notas

Germán Yanke

Menos mal que los señores de Standard & Poor's no son de Valladolid, porque habrían pasado ayer a ser, como tantos otros catastrofistas, unos antipatriotas de tomo y lomo. El presidente del Gobierno tuvo que saltar por las previsiones de sus analistas diciendo que son las agencias calificadoras, y al parecer no el Gobierno, las que "están en revisión". El optimismo, a estas alturas, ya no es antropológico, es una careta para no enfrentarse a la realidad. En definitiva, Standard & Poor's había dicho que el déficit de las cuentas públicas puede llegar en el 2009 al 6% del Producto Interior Bruto (estábamos en el 1,28% en noviembre del pasado año) y que, por tanto, la deuda pública española podía perder la máxima calificación (AAA) y, así, además de las dificultades de colocación, más y más problemas para la economía española.

Mientras Rodríguez Zapatero se despachaba con esa simpleza (una más: también espera que el FMI se equivoque en sus previsiones, y que el Banco de España yerre, y que el ciudadano al que no le llega el sueldo a fin de mes haya hecho mal las cuentas, y...), el vicepresidente económico admitía, como no podía ser de otro modo con la multiplicación del déficit, el riesgo de la pérdida de la mejor calificación. Si el Gobierno no está en revisión -porque el presidente no sabe cómo hacer mudanzas-, sus previsiones lo han estado desde al menos el 2007 y han tenido que ser una y otra vez rectificadas hasta el absurdo de aprobar unos Presupuestos para este ejercicio con cifras que, durante la tramitación parlamentaria, ya eran consideradas por el Ministerio de Economía como obsoletas. Estamos, por tanto, ante un vicepresidente que pretende no escapar de la realidad, aunque no tenga o no le dejen tener la iniciativa precisa para modificarla, y un presidente que cree que su optimismo, su disfraz y su desparpajo no solamente son contagiosos, sino la verdadera solución de la crisis.

Y mientras la cascada de datos negativos se suma a los problemas concretos de empresas y familias (y al incremento aterrador de la destrucción de empleo), el Gobierno maneja las medidas ya adoptadas el pasado año como quien baraja un mazo de naipes: ahora esta carta por delante, ahora por detrás, luego se ocultan, corte usted por donde quiera, etc. Pero nada nuevo. Ni nuevo ni dotado de la contundencia y de la voluntad de acuerdo general que requiere la situación. El presidente baraja también las palabras a estas alturas y habla sólo de un repunte en la parte final del año que, incluso si se da, no repararía las pérdidas del resto de meses. Sigue, sin embargo, con lo de los "buenos fundamentos" de una economía que, sin necesidad de agencias internacionales aunque varios organismos lo han indicado ya, requiere reformas estructurales profundas y urgentes. ¿Por qué no se abordan? Les suspenden una y otra vez y los malos son los profesores. Aunque, claro, si se puede pasar de curso sin aprobar, ¿por qué no se va a pasar de legislatura sin dar ni una?


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