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Florencio Domínguez: La veneración de la verdad
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Pocas distinciones entre periodistas habrán logrado un acogimiento tan sentido como el que ha otorgado la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) a Florencio Domínguez (Caparroso,Navarra, 1956). El premio
Javier Bueno
, que supone el reconocimiento a una dedicación sobresaliente en cualquier ámbito del periodismo, hace justicia a una entrega casi reverencial a la narración de los hechos, a la verdad misma, algo especialmente valioso en el contexto del País Vasco en el que el periodista navarro ha desarrollado la mayor parte de su carrera profesional.
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Florencio Domínguez, redactor jefe de la Agencia
Vasco Press
y colaborador habitual de
La Vanguardia
y
El Correo
, es autor de numerosos libros sobre el terrorismo y las secuelas que ha dejado en la sociedad vasca.
"Las raíces del miedo"
y
"Josu Ternera, una vida en ETA"
son dos de los más recientes. Sus artículos son la referencia para una gran parte de periodistas que buscan el rigor y el trabajo bien hecho. Una crónica de Florencio es, para todos los que necesitan valorar una situación por compleja que sea, una garantía de acierto.
Su despacho en la redacción de la Agencia en Bilbao habla por sí mismo. Son miles de papeles archivados con desigual orden sobre los acontecimientos que han construido la reciente historia del País Vasco, entre la democracia y el terrorismo. Datos que ha suministrado con una generosidad inusual en la profesión a cuantos han intentado acercarse a la verdad. Y, como suele suceder, antes de que el reconocimiento a su trabajo fuera general en España, numerosos corresponsables extranjeros ya habían
dado
con él.
Trabajador incansable, tras un artículo ya apunta al siguiente; y tras un libro, a otro, mientras intenta responder a las numerosas demandas de conferencias en distintos lugares de España. Sin embargo -y en ésto también es singular- nunca aparece desbordado, haciendo gala de una sencillez incompatible con ese aura de los que se sienten importantes en la vida.
Es mucha la gratitud de numerosos colegas del País Vasco hacia Florencio Domínguez, y no sólo como guía de tantos informadores epidérmicos o despistados. Siempre ha sabido ser leal a todos ellos, esquivando con bondad y maestría la esporádica ponzoña humana. Es un maestro, si se mantiene en su primera acepción, en esa idea noble del buen hacer profesional.
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