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13 enero 2009

Número 3.751 Año X

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El trabajo lo crea el cliente

Enrique Badía

Entre los expedientes de regulación de empleo (ERE's) que se presentan, los que se están preparando y los que se rumorea pueden acabar materializados en los próximos meses, el panorama se percibe cada día más desolador. Las cifras de empleo en diciembre, difundidas el pasado jueves -ya muy comentadas-, son por muchas razones peores que las de cualquier otro periodo con que se comparen y, lo que es más inquietante, en absoluto garantizan que en sucesivos meses no vayan a empeorar.

Quien más quien menos, en unos sectores o empresas más que en otros, son muchos los que sienten amenazada su continuidad laboral. Surgen, así, formas diversas de reivindicación que tratan de defender el puesto de trabajo o, si se prefiere, la dimensión de la plantilla, reclamando de los patronos que elijan vadear la crisis con otras medidas y algo más de imaginación. Pero hay tácticas defensivas que denotan relativa contradicción.

En algunos casos se olvida el principio fundamental de que, allí donde existe competencia, los puestos de trabajo suelen depender de la respuesta de los clientes: si éstos decaen o desaparecen, el empleo acaba sufriendo lo mismo, antes o después. De ahí que no resulte fácil entender las estrategias que incurren, de una u otra manera, en provocar perjuicios al consumidor.

El caso de los pilotos de Iberia es buen ejemplo sobre el que reflexionar. Aunque los dirigentes del sindicato corporativo (SEPLA) lo niegan, es evidente que están alterando su dinámica de trabajo como forma de presionar a la dirección de la compañía para que atienda sus reivindicaciones. La que esgrimen como prioritaria es obtener plena garantía de que la plantilla no se verá afectada -recortada- a medio plazo, ni siquiera como consecuencia de la proyectada fusión con British Airways.

Como la información que facilitan las partes es cuando menos confusa, no hay modo de saber si Iberia tiene hoy suficientes pilotos, como sostiene la dirección, o su número es escaso, conforme asegura el sindicato. Es precisamente esto último lo que desde SEPLA señalan como causa o justificación de las alteraciones que se están produciendo desde hace semanas y que sin duda el cierre de Barajas el pasado viernes ha acabado de complicar.

Lo paradójico es que la actitud de los tripulantes, sea huelga de celo, trabajo a reglamento o ganas de incordiar, va contra los clientes, forzando a muchos a reconsiderar sus hábitos para desplazarse cuando, como va ocurriendo cada día en más casos, existen alternativas para viajar. Opciones que van desde contratar el vuelo con otra compañía a elegir un medio alternativo de transporte, que en muchos casos lo hay. Cabe prever, pues, que cada día que la situación persista irán creciendo los clientes desafectos -cabreados- y por tanto el número de pasajeros transportados por Iberia tenderá a ser menor.

La resultante lógica será el serio riesgo de que la compañía deba replantearse su dimensión: esto es, menos vuelos, menos aviones, menos pilotos... justo lo que aseguran querer tratar de evitar. ¿O no es ésa la cuestión?


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